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lunes, 30 de abril de 2018

La transformación de Kafka



 Franz Kafka estaba allí esa noche, y nadie lo notó. Yo lo vi cruzar desde la cocina hacia el salón. Venía corriendo con tal rapidez que pasó desapercibido entre la multitud. Yo lo seguí, con la mirada expectante. Deseaba que pudiera llegar bien a su destino. Hasta que lo perdí de vista. En el grupo alguien hablaba sobre Gregorio Samsa. Yo no lo conocía; pero según contaban, un día se enfermó y no lo volvieron a ver. Contaban que tres hombres aseguraron haber visto un bicho en su habitación. La historia me pareció peculiar e insólita. “Nadie puede transformarse en un bicho; eso es algo imposible”. Yo recordé a Kafka, cuando lo volví a ver. Esta vez estaba en el techo, como escuchando nuestra conversación. Nadie notaba su presencia, y él tampoco quería ser reconocido. Lo saludé con la mano, y él clavó su mirada en mí. Estuvimos así durante un breve momento. Alguien aseguró que la hermana de Gregorio era la única que le proveía lo necesario para subsistir, pero que lo hacía más por piedad que por amor a su hermano. Al fin que Gregorio se murió. Nadie supo cómo. Unos afirmaron que fue por una enfermedad que sufría desde hacía tiempo; otros que porque se convirtió en un bicho y decidió morirse para no causarle más problemas a su familia. “Un acto de amor”, dijo uno. Dentro del grupo había un gran pesar. Creo que fue por la muerte de Gregorio o porque Kafka no aparecía por ningún lado. Alguien dijo que seguía enfermo. Todos callamos. De repente vi a Kafka; venía hacia nosotros cuando se escuchó un grito. Traté de llegar al sitio donde se formaba el alboroto, y al fin, después de tantos empujones y codazos, pude ver a un hombre en el piso. Al parecer estaba muerto. Todos lloraban. Era Kafka, quien había decidido transformarse para pasar desapercibido entre la multitud. Alguien lo pisó con su zapato pensando que era un bicho que trataba de ocultarse en algún sitio de la casa.

martes, 26 de mayo de 2015

Alterno



Estar rodeado de ti. Verte frente al espejo, o en el sillón. Miras con intriga. Preguntas, respondo. Sigues con sigilo hacia la cocina, miras los cuadros, todos iguales. La misma figura, el mismo retrato. No hablas durante todo ese tiempo. Después de responder surgen, de nuevo, las dudas. Hablas. Tratas de no desesperarte. Me preguntas por qué tantos puntos y tantas comas. Porque quiero saber si eres real, respondo, o si vienes de otra dimensión.

jueves, 9 de octubre de 2014

Mr. Nobody

Escribir con las vísceras, insertar las palabras como
 si fueran puñaladas y dejar el alma pegada en el piso, 
arriesgarnos a destrozarnos a nosotros mismos, como ¿caníbales? 
Sí, caníbales literarios. Tenemos el poder para armarnos
 y decir que estamos aquí, en medio de la nada, 
que alcen sus caras y nos vean. 


Somos nadie. Somos todos. Somos el reflejo de años y décadas de desamparo y descuido. Aquí estamos, en medio del mundo, en bares y oficinas, vistiendo trajes; chóferes y hombres de negocios. Todos somos uno. El mundo nos necesita, aunque no lo sepan. Somos el orden en medio del caos, lo que nadie se puede imaginar, lo hacemos. Todos somos nadie. Deambulamos por plazas y mercados sin que la gente nos note. Merodeamos por las bibliotecas públicas y recintos universitarios, sonreímos afablemente y miramos... esperamos. Creamos el caos para mantener el orden. Tratan de vigilarnos, pero siempre nos escabullimos. Estamos inmersos en este mundo lleno de psicópatas y pedantes. Nadie nos dice lo que debemos hacer. Somos nadie, la idea reiterativa de lo que se comenta en las noticias acusando a otros. Nadie es culpable, sólo la masa servil que va de un lado a otro siguiendo ordenes, y nosotros somos el caos de ese orden. Somos todos, somos nadie, somos Tayler Durden.


Basado en la novela
"the fight club" 
de Chuck Palahniuk.

viernes, 5 de septiembre de 2014

Último adiós al de De Música ligera

Mucha gente se ha sentido conmocionada por lo acontecido: la muerte de Gustavo Cerati. No soy la excepción. Pero a veces muchos se preguntan por qué la gente se conmociona por la muerte de alguien a quien ni siquiera hemos conocido. Y es verdad. Yo no sé nada sobre Cerati, pero la cuestión estriba en sus canciones. Ahí es donde entra nuestra conmoción, porque muchos se han sentido identificados con una letra, una frase, una nota musical, sus rifs de guitarra. Cerati, al igual que muchos cantantes, artistas y escritores, han dejado huella en el mundo, en la gente común que va por las calles tarareando una de sus canciones, de los jóvenes que ensayan vez tras vez para hacer un cover, y de los escritores que hallan una frase para crear un cuento, un poema o incluso una novela.

  En mi caso, después de haber leído Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges, inmediatamente pensé en La Ciudad de La Furia. Borges describe calles, lugares, momentos; y yo no dejé de pensar que las calles azules de las que habla esa canción sea La Calle Desconocida, poema de Borges donde se describe magistralmente una calle desconocida o ignorada y ¿por qué no? inventada por el poeta. Desde ese momento, tanto la canción de Soda como el poema de Borges me rondaban con tanta frecuencia que se me ocurrió una frase:  La Biblioteca Nocturna de Buenos Aires.

  La idea de escribir algo con ese título me animaba tanto que no sabía que escribir, y cuando empezaba a escribir algo, me daba cuenta que no era eso lo que quería escribir. De pronto me di cuenta que eran cosas distintas, que la idea y la canción y el libro no eran una sola. Por eso escribí dos relatos sostenidos bajo esa idea, bajo el hechizo de la canción y el deseo de encontrar algo misterioso que no sabía si concretaría o no.

  A decir verdad, no sé si haya concretado algo. Aún la idea me ronda la cabeza, y más aún después de lo de Cerati. Hay cosas que a uno lo hacen reaccionar, y la muerte es una de ellas. Sí, ya no están; Cerati, Borges, Spinetta, García Márquez, Cortázar, Simón Díaz y otros tantos que marcaron nuestras vidas, crearon personajes y nos dejaron un fervor para hacer lo que hacemos, con la furia necesaria aún si sentimos que el mundo se derrumba a nuestro alrededor.

  Ahora no están los hombres, sino las leyendas y las palabras que dejaron. Un camino que seguir.Aquí mi pequeño homenaje a esos dos. Todavía tengo pendiente escribir sobre la Biblioteca Nocturna de Buenos Aires, pero mientras dejo esto, un esbozo de lo que alguna vez quisiera escribir. La Biblioteca Nocturna y La Ciudad de la Furia.

Gracias Totales Maestro




sábado, 11 de enero de 2014

Carta de un desesperado

Eran las tres treinta de la mañana. No podía conciliar el sueño, y a veces me levantaba de la cama para ir al baño o tomar agua. Por el pasillo, sobre los estantes estaban los libros. tomé uno y lo ojeé, y luego otro y así hasta terminar el recorrido. No sentía ninguna necesidad de leerlos. Solo los tenía allí, como meros adornos. A veces los miraba con cierto desprecio. Mi amigo, que venía a casa frecuentemente, me reprochó la idea de tener libros y no leerlos. No es que no los leyera, sino que estaba cansado de todo ello. La fatiga era tan intensa que a veces sentía desprecio por lo que hacía. Me decía cada cierto tiempo sobre la posibilidad de escribir uno de ellos, un libro. Esa posibilidad a veces me torturaba, me quemaba por dentro. Los nervios se enervaban cada vez que me encontraba solo, en la mesa y las hojas allí. Por lo general, tomaba mi abrigo y me iba calle abajo, o arriba, dependiendo del desgaste físico y mental. Por las noches no conciliaba el sueño. Siempre a las tres y treinta hacía el mismo recorrido, miraba los libros una y otra vez. Puede que sea algo enfermizo hacer todo eso, seguir el mismo patrón. Cuando leía los títulos, me quedaba pensando en el montón de palabras que había dentro. ¿Qué quería decir el autor? ¿Por qué tantas palabras? Entonces me dí cuenta que ninguno de ellos es un sabio ni un erudito, ni siquiera eso que llaman intelectuales. Eran y son personas con afán de contar algo, de escribir y escribir y figurarse en ese montón de palabras. Personas que necesitaban conjugar todos los verbos para poder dormir tranquilos en las noches y así estar en paz con ellos mismos y el mundo. A lo mejor haciendo eso ponían en orden las cosas. Pero yo, ¿qué quiero poner en orden? ¿a qué fantasmas quiero conjurar? Esas y otras preguntas me rondan cada vez que camino, cada vez que pienso en una historia; entonces me doy cuenta de que todo son palabras, palabras, palabras, pal...

viernes, 15 de noviembre de 2013

Ataduras

De Lorena sé decir que la conozco poco a pesar de todas las tardes que pasamos juntos. Eso fue hace mucho tiempo. Pero aún así, surge de repente preguntándome sobre cómo es vivir en un lugar donde hace frío. Mi respuesta era una sonrisa. A veces la tristeza la invadía, y entonces surgía el odio por todas las cosas, empezando por la vida, y terminando por mí. Yo no sé decir si en realidad estaba bien. La veía todas las tardes, después del trabajo, y nos íbamos por la Urdaneta, bajo el umbral de los árboles y la oscuridad acechante cuando eran los últimos meses del año. Lo que más recuerdo de Lorena es esa mirada limpia y profunda, con media sonrisa cuando quería decir algo. Uno de esos últimos días me dijo que tenía que regresar a Argentina, que su papá estaba mal y que de su hermano no sabía nada. Ni modo, ya el regreso a casa no sería el mismo. Ella esperó a que dijera algo, que diera la respuesta a la pregunta que me hacían sus ojos. En vez de eso, un abrazo y un cuídate mucho fue lo que brotaron de mis labios. Con su sonrisa a medio camino con el llanto, me dijo que lo haría. Lorena se marchó con la tristeza atada a su pecho, y yo recorro las tardes oscuras entre los árboles imaginando una vida muy lejana a esta.

sábado, 6 de julio de 2013

El escritor que escribía en las margenes de los libros.

"Un sabio sin imaginación no puede ya parecer 
otra cosa que un sabio impostor, o 
por lo menos un sabio incompleto"
Charles Baudelaire en su ensayo 
"Nuevas Notas sobre  Edgar Allan Poe"

¿Qué más se puede decir de este genio? Cuentos fantásticos, poemas excelsos. Su obra abarca desde el terror psicológico hasta lo policíaco. Su poesía es de la mejor que se pueda leer; y sin embargo, es más (re)conocido por sus cuentos que por sus poemas, una muestra de la creatividad de este prolífico escritor. Pero lo que sobresale también de Poe es su capacidad hacia la crítica literaria, y más aún en una época donde ésta apenas tenía una base -mejor dicho, estaban levantando sus fundamentos- y los críticos literarios hablaban de los libros por sus autores. Es decir, que si se era un escritor ya consolidado, su reputación lo eximía si alguno de sus libros no eran tan buenos. Sin embargo, ¡ay de aquellos que no tenían una "base literaria"! Y por base literaria me refiero a aquellos que apenas publicaban, pues los críticos los deleznaban y marginaban. 

 Lo primero que llama la atención al leer el material sobre crítica que escribió Poe es su afán por la "formación de una Literatura Norteamericana". En este punto, no hay mucha diferencia con la formación literaria en el resto del continente. Aunque en el caso de Estados Unidos, mientras Poe abogaba por la formación literaria de su nación, sus coterraneos creían ya tener definida dicha formación. En su libro Marginalia incluso insinúa que su país aún no tiene nombre; y después de una extraordinaria explicación, pasa a decir que su nación debería llamarse Apalacha en vez de América, porque el primero es distintivo y hace alusión a sus primeros habitantes, mientras que el segundo designa a Todo el continente: desde Alaska hasta la Patagonia. Y como él mismo pasa a decir: Suramerica también es america.

 En sus ensayos, sobre todo en Marginalia, podemos encontrar las preocupaciones del propio Poe en cuanto a la puntuación y el efecto que puede causar en las impresiones que pretende lograr cualquier texto. De hecho, deja bien claro su punto introduciendo la nota VI de este modo: "todos están de acuerdo que la puntuación es importante"; y a pesar de que todos saben cuán importante es, se lamenta que muchos escritores no la usan de manera correcta. Incluso propuso escribir un ensayo sobre el uso del punto. También hizo referencia al uso -y abuso-  de los guiones. En otra de sus Marginalias -la XIV- escribió lo siguiente: "La imaginación es la nariz de la multitud. Basta tomarla de ella para llevarla a cualquier parte". Y en la nota XVII escribe sobre cómo debe escribirse un cuento para que sus finales terminen de acuerdo a sus comienzos. Y en la nota XLIV da su propia definición de arte como " la reproducción de lo que perciben los sentidos en la naturaleza a través del velo del alma".

  Aunque los otros ensayos también demuestran su capacidad como crítico -y hasta se podría decir de su capacidad como teórico- la Marginalia nos deja ver a un Poe que toma apuntes y escribe en las margenes de los libros. Su ensayo sobre El Principio Poético nos deja ver a un Edgar Allan Poe un poco más erudito, y también nos abre las puertas a una literatura un tanto marginada por los círculos literarios de la época, pero que a su vez revela la esencia de la poesía norteamericana de su tiempo.

  En fin, que Poe se situó en el lugar del observador y contempló bien el panorama para escribir sus pensamientos en el margen de la historia literaria y dejar su huella imperdurable en el imaginario de los escritores modernos.



Enlace: Fragmentos de la Marginalia 

jueves, 30 de mayo de 2013

Pretérito imperfecto


"Estamos hechos para la memoria,
 estamos hechos para la poesía 
o posiblemente estamos 
hechos para el olvido."
Borges

I
A veces se exige más de la cuenta. Cifrar la esperanza en una probabilidad, en inexactitudes que después no se recuerdan. Un tal vez utópico que rodea la ingenuidad. No más palabras, se escucha en medio de la calle, no más palabras y lancémonos al olvido, que la memoria nos guíe a este infinito sin frases y nos cubra la mirada... Y del otro lado alguien escucha con conmiseración lo que dicen. Pobres, no saben lo que es la vida, piensa. Y se retira. Fue joven, hace tiempo, y todavía tiene esperanzas. Por eso aguarda a que algún día alguien diga su nombre en voz alta, y recuerde con esa sonrisa como cuando recuerda las cosas de tiempo atrás; entonces sabe lo que es la felicidad, y se dice que ese pequeño espacio no lo cambia por nada, la de sus recuerdos. Y los nombres se le atraviesan en la garganta, como queriendo salir. Son tantos; rostros, calles, casas, lugares... todo lo que quiere nombrar... a los que están y a los que no. Por eso escribe. Un nombre por hoja, una historia, un recuerdo. Dice que no tiene espacio, pero miente. Tiene todo el espacio suficiente en su memoria como para no morir de soledad.



II

Cuando camino por las calles a veces miro los rostros de las personas. A veces hago comparaciones, que si se parece a tal o a cual, algún conocido que no saludo por la rapidez de la marcha, pero ese momento se queda en la memoria; como cuando Fabiana me vio y me saludó y me dijo ¿te haces el loco o qué? y juro que no es que me estaba haciendo el loco, sino que en realidad no la vi. Creo que es algo natural el que uno vea a un conocido y estos se hagan los locos, los que te miran y dicen en sus adentros yo a este no lo conozco. Es verdad, uno hace lo mismo, pero uno no se encuentra a conocidos en la calle todos los días, sobre todo si no sales de tu casa con tanta frecuencia como para notar los cambios que surgen en la ciudad. Porque a veces es mejor mirar los rostros de los desconocidos y buscar cosas en común con aquellos que conociste. Una realidad paralela creada... un espejismo; eso es lo que surge, espejismos que a veces uno desearía fueran reales.



III


Al verlo salir, cerró la puerta y pensó por un momento sobre todas las cosas que habían vivido hasta ese momento. Cerró los ojos, contuvo el llanto con todas sus fuerzas, para que el dolor no se abalanzara y la tumbara allí. Caminó poco a poco hasta su cuarto. Se recostó y cerró los ojos, un momento nada más para escuchar lo que tanto anhelaba. Pero ese sonido nunca llegó.

IV

Se siente solo, extrañamente perdido y solo. Al abandonar la casa, olvidó sacar su libro, ese que dejó en pretérito imperfecto.







jueves, 4 de abril de 2013

Cuando quieras, vuelve

"Porque los escritores suelen basar sus 
personajes en la gente que conocen.
Así que posiblemente yo puedo llegar
a ser uno de tus personajes". 
R.M


Tenía un título excepcional, pero lo he perdido. No te importa, ¿verdad? Si es así, házmelo saber, ahí inventamos uno que vaya a la medida de este texto. Tal vez pienses que te estoy escribiendo una carta; pero por favor, deja que te ficcionalice un poco. Sí, sin querer te convertirás en un personaje más. Un personaje al que le escribo, por cierto. Muchos no estarán de acuerdo al hecho de que yo le escriba cartas a mis personajes, pues, según dicen, estos llegan a ser muy reales, y en palabras de ellos, yo me obsesiono y les escribo cartas, como en este momento, para pedirles autorización para incluirlos en algún texto. No digo cuento, novela, relato o poema porque no sé exactamente en qué género los incluiré. Por eso digo simple y llanamente texto. Pero como te dije, esta no es una carta, no vayas a pensar... bueno, sabes muy bien el interés que tengo por lo que hago, y aunque no nos conocemos bien, nos une una extraña amistad, tal vez por el interés mutuo de mirar las cosas desde la perspectiva más oblicua de los acontecimientos (a estas alturas no sé qué más escribir). Pero con todo y eso, nos hemos permitido la confianza de los que se conocen de toda la vida; hablar de la familia y el trabajo y los libros leídos y de que todo se está yendo al carajo; pero esto último no importa. Lo que realmente interesa son las conversaciones y los cafés y las bromas y las risas (ya esto empieza a ser muy cursi) y Bolaño. Me dijiste que estabas leyendo Bolaño y Tyzka y Di stefano. Lecturas simultáneas que se cruzan a veces y no recuerdas cuál historia estás contando.


Cartas al viento

  La última vez que te dije que había escrito un cuento o una historia, era la que estaba escribiendo para ti; pero la he perdido, y lamentablemente no recuerdo muy bien de qué iba. Eso es algo que todos me reprochan. Que siempre ficcionalizo a los que conozco, que los convierto en personajes. Creo que no eres la excepción. ¿o sí?.

 Al leer lo escrito, pienso en la última vez que leímos un cuento. Yo no sabía lo que sucedía en el entorno; recuerdo lo leído, los planes de lectura: ninguno concretado, pues las diferentes ocupaciones nos han mantenido alejados. ¿Pero qué otra cosa se puede hacer sino extrañar a aquellos de quienes escribes? Sobre todo si les escribes. No son ínfulas de superioridad ni nada de eso. Yo solía escribir. Ahora no tanto. Sin embargo, me permito decir que te extraño. ¿Cuándo volverás a los libros? Si algún día te decides, tal vez puedas  convertirte de nuevo en ese personaje que olvidé. Por eso, cuando quieras, vuelve.

martes, 16 de octubre de 2012

De la creación de la nada o de por qué siempre escribo lo que no quisiera escribir (una más sobre Cortázar)


I

"El libro de nuestra vida 
no siemrpe puede leerse 
entero y encuadernado".
Julio Cortázar


Toda una alegría leer a Cortázar. Siempre Cortázar, su forma de crear, de Hacer literatura y de romper con los signos y las formas... Continuidad absoluta del tiempo en pasajes enrevesados o caminos cruzados. Un hombre parpadeando con ojos de gato y mirada despierta. Tal vez nadie pueda contemplar el entorno tal como él lo hizo. Nadie sabría explicar lo absurdo y lo paranoico sin una tranquilidad tan laxa. Pensar en cosas y costumbres, en certezas e incertidumbres y luego estar en esta realidad, tan fuera del espejo, tan lejos de la mirada del otro que no es sino uno mismo, y verlo a él, contemplando las cosas con cierta curiosidad y tomando notas para un futuro relato; y verse él allí, dentro del relato, contándose como personaje sin darse cuenta que soy yo que escribe sobre él y no él escribiéndome como uno de esos personajes insólitos que escriben sobre otros personajes. Es él quien crea esta reseña para completar un juego de espejos donde ninguno de los dos nos vemos las caras, pero sabemos que estamos ahí mirando las sonrisas a través de las distancia en ese reflejo de palabras y acciones que de a poco, y sin saberlo siquiera, se desvanece.








II

Siempre Julio, forever Cortázar. Siempre anoto frases -todas las cuales tengo desaparecidas, vaya a saber usted dónde- y a partir de esta pensé en escribir un cuento (y dale con lo mismo, otra vez escribiendo. ¿Y para qué escribes, si sabes que no te van a leer?) pero no siento conexión alguna; más bien siento que es el mismo Cortázar que dicta y me dice "es bueno que sigas escribiendo vos, que te parecés tanto a nosotros los cronopios" (Ya está, que alguien se lleve al siquiatrico a este pobre chalado). y ahora me encuentro sin nada sobre qué escribir leyendo y releyendo esa nota, ese epígrafe con el cual quería comenzar un cuento, pero no estoy seguro; mientras, escucho la voz de Julio diciéndome que escriba.

  Es sorprendente sentir tantas emociones y consternaciones al leer sus cuentos; pero últimamente me he preguntado qué tal sería leer su vida -no digo sobre su vida, sino leer su vida- (ahora sí, de paso querer averiguarle la vida a un pobre muerto; vaya a saber qué se le ocurrirá ahora) Por desgracia, eso no se puede hacer, porque para leer la vida de alguien, ese alguien debe estar vivo, y en el caso de Cortázar, él falleció dos años antes de mi nacimiento -lástima no haber nacido en esa época donde era alucinante saber que se podía topar con un escritor a la vuelta de la esquina-. Aún así, leer sus cuentos y lo que dejó desperdigado me deja atónito -y pensar que uno a veces piensa en "las nuevas formas de la literatura"

Y aquí estoy, leyendo y releyendo esa cita de Cortázar: "El libro de nuestra vida no siempre puede leerse entero y encuadernado". Lo que me lleva a pensar: ¿Cómo leer la vida de alguien? ¿Por dónde empezar? Existen las biografías, pero estas no son suficientes. Esto, por cierto, me lleva a pensar en lo curiosos que somos (¿Y ahora es que te vienes a dar cuenta de eso? Sobre todo tú, que quieres averiguarle la vida a un pobre muerto), en querer saber más y ver cómo eran, y cómo son, los demás. De allí proviene la literatura: de la curiosidad -claro, sé que no estoy descubriendo nada nuevo, por si alguien me reprocha la estúpida idea de ser un teórico de causas ya concretadas, y utilizo esta palabra a falta de otra más concreta- y de querer los libros de la vida de los otros.

  Libros que jamás terminaremos de leer; y que por estar fisgoneando en la literatura real de los demás, nos olvidamos de la propia; olvidamos indagar en nuestras propias historias; inventarnos, re-inventarnos. Saber quienes somos para luego re-escribirnos y así poder tener una noción quizá del mundo; o dejar la huella latente de que una nueva historia está en proceso de formación. Al menos eso Cortázar lo tenía muy en cuenta. Por eso sus relatos partían de él, de sus sueños y pesadillas (Ya deja de escribir. Mejor ve a dormir, eso... mejor así, mañana debes trabajar y ve a saber qué nuevas idioteces se te ocurrirán) 


P.D: Pido disculpas a los improbables lectores que lean esta notarelatocríticaensayo o lo que sea que el pobre amigo acá trató de escribir... en estos momentos está recibiendo atención siquiatrica a ver si de una vez por todas deja tranquilo y en paz al pobre hombre del espejo.

sábado, 12 de mayo de 2012

En torno a la ficción

No me caracterizo por hacer citas, ni tampoco concertarlas; pero hace poco leyendo algo de entre tantas cosas, pensé en algo curioso que puede o no puede suceder: la irreversibilidad de la vida. Suena estúpido tal vez pensar que la vida tenga un reverso. Tal vez no sea un reverso como tal, sólo puede que sea la capacidad de estar aquí en un instante previo para estar. Sucedió una vez cuando alguien en la calle dijo que esa situación en específico ya la había vivido. Estábamos parados en una de las tantas esquinas esperando cruzar la calle, cuando de repente la conversación se detiene y se escucha decir: "Yo ya había hecho esto, y había dicho lo mismo, esto ya lo viví, esto ya lo viví". Esta escena podríamos sacarla de uno de los cuentos de Cortázar, pero no es así. En el Perseguidor, Jhonny está tocando y se detiene bruscamente para exclamar : "esto ya lo toqué mañana, esto ya lo toqué mañana", conjugando pasado y futuro en una acción que es momentánea y circunstancial para hacerlo infinito dentro de la misma rutina y el presente que se vuelve tan vulnerable ante la idea de que estamos repitiendo lo mismo y lo mismo y lo mismo cientos de veces; como si viviéramos el eterno retorno del que tanto habló Nietszche. Puede que hayamos soñado algo, o hayamos hecho algo idéntico a lo que se está haciendo y lo confundamos. Pero si la verdad no es esa, puede que viajemos, sin saberlo a otra dimensión y otras circunstancias de la que tanto hablan muchos escritores:  "no estoy tan presente cuando escribo y soy otro mientras plasmo lo que pienso y vivo lo que escribo".
Hombre girando en un solo pie


  Es tan curioso notar los puntos de fuga cuando se camina por la calle. Tantas personas y tantas situaciones, y sin embargo, enfrentar la cotidianidad con una sonrisa estentórea para luego aprovecharnos y crear esos mundos paralelos de donde salimos, de donde posiblemente haya una fuga y confundamos sin notarlo siquiera el mundo de la ficción en la que habitamos con el de ellos, de donde salimos. Por eso tal vez la confusión, y tal vez los paralelismos. Algo es seguro: "no estar es peor que perderse en la niebla buscando al escritor ideal que nos dé la vida entre miles de rostros que tal vez pasen desapercibidos". 

miércoles, 4 de enero de 2012

Troya o la opinión sobre una película

Hector vs Aquiles



Hace unos días vi de nuevo Troya. Sí, la película que protagonizó Brad Pitt, y que, por no ser tal como la esperaba, no me gustó. Sin embargo, no la estaba viendo solo; mi abuela estaba fascinada por la historia, y a cada nada hacía preguntas sobre la película. Yo traté de explicarle los acontecimientos tal como estaban en el libro. Ella escuchaba atenta mientras veía la película. Y a cada pregunta, yo le respondía. Ella hizo algunos comentarios interesantes sobre la película y la historia que yo le estaba contando. Uno de ellos fue: "ese Aquiles es arrogante, se cree que por ser hijo de dioses puede hacer lo que se le da la gana". Por supuesto, yo traté de explicarle los acontecimientos y el destino de Aquiles. Sin embargo, lo que me interesa reseñar es lo que ella dijo justo en el momento en que Aquiles derrota a Hector en la pelea. Ella dice: "Esa historia no debió haber sido así. Hector era el bueno, Aquiles el malo. El tal Homero ese se equivocó al escribir esa historia". Yo no dije nada al respecto. Es su opinión. Pero me gustó lo que me dijo, y me puso a pensar -de nuevo- sobre el tema. Tenemos entonces que Aquiles es el orgulloso guerrero que no quiere pelear, y se puede decir que por su culpa, su amigo muere (esa es una idea de mi abuela), mientras que Hector, aparte de que es mortal, lucha por lo que quiere y tiene, por lo que ama. ¿Por qué luchaba Aquiles? Por la inmortalidad. Pero esa inmortalidad en cierto sentido no le granjea un favor absoluto.


Fotograma de Troya

Mi abuela, quien nunca en su vida ha leído la Iliada, sin embargo, reconoció el gesto de Aquiles de entregar el cuerpo de Hector a su padre, y dijo que si hubiera sido así desde un principio, hasta pudo haber sido simpático haberlo conocido. Escuchar eso me causó gracia. Y para no sacar a mi abuela de su ilusión -debo destacar que ella no estaba hablando de Brad Pitt ni de su cabellera ni de su físico, sino del personaje en sí- le dije que sí, que pudo haber sido bueno. La película se acabó. Mi abuela apagó el televisor, y yo me fui a casa, pensando en esa conversación que me sigue dando vueltas en la cabeza, mientras todavía escribo esto. No sé si Homero se equivocó; lo que sí sé es que escribió una de las mejores historias que todavía da mucho de qué hablar, y para ello me remito a lo que escribí hace algún tiempo sobre el tema.




viernes, 30 de diciembre de 2011

Gemelas



Para Delia Mariana
O Mariana Delia
O como se llame



La última vez que la vi, le dije a Mariana que escribiría algo para ella. La verdad, el asunto se me ha complicado. Tengo las ideas y los argumentos, incluso la trama. Le comenté sobre ese proyecto –aunque más que un proyecto, es un compromiso– a Delia, y por razones que no entendí, estalló en cólera. Traté de calmarla, pero mis esfuerzos fueron inútiles. Al escuchar sus argumentos, o sus gritos, no pude evitar la carcajada. Sorprendida me miró, me dijo imbécil y tiró la puerta. No sabía cual era el rollo que se traían las dos. No volví a ver a Mariana porque aún no había terminado lo que le prometí. Delia, después de ese arranque me visitó varias veces, y en cada visita se burlaba de mis esfuerzos que aún no habían dado frutos. Le pregunté el por qué tanta socarronería, y burlona, me dijo que Mariana era su hermana: su hermana gemela. La noticia me sorprendió. No pude concebir que ambas fueran hermanas, y mucho menos gemelas. El único parecido que tenían era el color de la piel, del resto, eran incompatibles.

  
Perplejo, le pregunté si era una broma, a lo que me respondió muy seria que no. “Entonces, ¿cómo es posible que, siendo hermanas, yo jamás las haya visto juntas?” –Le pregunté– “Además, ustedes dos no se parecen en nada” Su risa fue sarcástica, y dijo que si yo era muy amigo de Mariana, que le preguntara a ella.
Ilustración de Luis Scafati.
 Durante varias semanas estuve dándole vueltas al asunto. Lamentablemente Delia se fue, pues las clases ya habían terminado y ella aprovechó para irse a la playa o no sé dónde. Quería saber más sobre su historia y la de Mariana. De Mariana, a quien no la vi más –supuestamente se fue para Argentina –obtuve un correo electrónico donde me explicaba que todo lo que Delia me había contado era falso; que ella nunca tuvo una hermana, y menos gemela; que Delia no se llamaba Delia; y que ella se fue porque obtuvo una beca para estudiar en el extranjero y escogió Argentina. Por Último, me pedía, por favor, que concluyera ese relato donde yo hablaba sobre ella y Delia, y de la desaparición de esta. “Tus personajes siempre andan en fuga, como Delia y yo”
 Al no tener ningún otro motivo para escribir, decidí enviarle las notas del dichoso cuento y dejar las cosas así. Me sentí burlado y engañado. “El mundo es pura ficción” leí por ahí. Entonces me di cuenta –por fin –que tanto Mariana como Delia nunca existieron, a pesar de las pruebas. Que ellas no eran ellas. Eran dos impostoras que se aprovecharon de mi ingenuidad, me hicieron escribir, y luego, las dos juntas, se marcharon para burlarse de mi inocencia.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Alucinaciones

Cola de Dragón
Juego con mi imaginación constantemente. Por eso, voy a decir que te veo dibujando tus dragones sentada en la plaza, con el pelo desordenado por el viento, mirando tu libreta, concentrada en tu imaginación. Sabes lo paranoico que suelo ser, y sabes muy bien que me gusta ese retrato ficticio de ti. Puede que te hayas alejado por mi actitud un poco psicótica, puede que en realidad te hayas marchado porque estabas hastiada de esta ciudad, o pueblo, como la llamabas. Aún así, tu actitud despreocupada me hizo entender que en realidad nada estaba bien, que todo era puro espejismo. De ahí mis poemas sobre espejos, porque todos ellos se reflejaban en ti; o mejor dicho, yo me reflejaba en ti. Tuve que inventar historias sobre esos poemas para que no pensaran que yo era un yonqui más de los que se inyectan para escribir. Mis alucinaciones eran reales. Yo era, y sigo siendo, un alucinado. Por eso no necesito de aditivos. Pero todos esos espejos eran tú. Eran tú y yo tratando de entender las cosas; el mundo cuando no sabíamos lo que pasaba en nuestras vidas; nuestra distancia tan cercana se hizo insoportable; y el increíble dragón que dejaste el día antes en que supe que ya no era verdad todo lo que había pensado; pues mi imaginación te creó tan real que huiste asustada con todos mis miedos a cuestas.

martes, 13 de diciembre de 2011

4:30



Tío murió un martes. El reloj se detuvo a las 4:30, hora en que hicieron la llamada. El saberlo fue algo nuevo, pues nunca supe lo que es la muerte, o mejor dicho, perder a alguien. Desde el último día que lo vi hasta el día que me dieron la noticia, yo lo sabía, lo intuía, pues sus ojos suplicaban con llanto  ya no querer sufrir más ese tormento. Varios meses acostado en una cama lo demacraron, y su sonrisa y su fuerza vital desaparecieron. Las únicas palabras que lograba pronunciar eran incongruentes, para nadie tenían sentido, excepto para mí. Porque siempre jugábamos a hablar entre dientes y a murmullos, introduciendo sílabas delante de las sílabas, convirtiendo el lenguaje en ininteligible. Esta forma de hablar la descubrí cuando tenía ocho años, y cuando tío se enteró, se hizo disponible para enseñarme a progresar en el nuevo dialecto. Así nos contábamos cosas. Yo por ejemplo le contaba sobre las malas calificaciones o las veces que me hacía el enfermo para no ir a clases, o cuando me pasaba algo y no quería que nadie más se enterara. De esa manera nos hicimos amigos. Yo sabía lo que sentía tío, y lo que quería. Aunque no quería morir, tampoco quería ver a su vieja sufrir por él; aunque igual sabía que ella sufriría. Por más determinación que tuviera, no pudo luchar más. Se rindió. No soportó el dolor ni la ira, y mandó todo por fin al infierno. Su vida queda como recovecos cambiantes que se expanden en mi memoria. Aún así, mi reloj nunca volvió a marchar y se quedó detenido a las cuatro treinta de la tarde.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Literatureros

"y no puedo escapar de mi propia historia"
Aun creo que las frases más célebres son aquellas que no se han dicho. Yo no quiero decir ninguna, aparte de las que me sé, pero es curioso que la gente siempre invente una cita que no tiene nada que ver con lo que se está hablando sólo para parecer inteligente. Las citas son aburridas. Así de claro. No todo el que cita es un genio, sino alguien que quiere ser elogiado por su capacidad de recordar frases. En mi particular no me sé ninguna aparte de los dichos populares -que de paso no me los sé todos y los digo al revés -y tengo mala memoria para recordar frases y dichos. Lo que sí logro recordar, después de un gran y largo ejercicio de memoria, son los libros que me he leído, que no son muchos por cierto. Por eso me gusta más hablar de libros que de citas. Es exquisito cuando vas caminando por la calle y de repente te acuerdes de la trama de ese libro que tanto te fascinó, y tú, sin más ni más, asocies parte de la obra con lo que sucede a tu alrededor. Magia literaria, pura magia literaria. Puedes crear un mundo imaginario o una trama paralela y crear dialogos entre las personas que están por allí. Ver a los personajes en cada vuelta de esquina y, voilá... has creado tu mundo literario, la ficción dentro de la realidad y viceversa. Pero debes tener cuidado y saber cómo salir de ese cuadro que has creado. No vaya a ser que, como me pasó a mí, te quedes atrapado en tremenda historia que nunca tendrá fin.

viernes, 22 de julio de 2011

Psicomaníaca




 Al entrar por el otro lado de la casa, Rafa no se percató de lo incómodo que sería la ocasión cuando se encontrara con Indira, mujer apacible que, cuando se calentaba, no dejaba piedra sobre piedra. Literalmente. Así va este hombre, sonriendo y saludando a todos los presentes. Indira, mientras tanto, sonreía y hablaba con Tom, un norteamericano recién llegado que no sabía nada de español. Indira tampoco contaba con que la presencia de Rafa la iba a perturbar; pero todo a su tiempo. Indira hablaba en inglés y le traducía al pobre gringo que igual nada entendía, pues Indira hablaba un pésimo inglés. Tom sale a buscar más cerveza y se tropieza con Rafa, quien, por supuesto, no sabe quién es ese pobre gringo desubicado que tiene pinta de estar borracho. En una mesa se encuentra a Jessica, quien lo abraza y le da un beso en la boca, costumbre que no han perdido desde que fueron novios. Con lo que no contaban ni Jessica ni Rafa, es que Indira, al irse Tom, fue al baño, y por supuesto, al salir de este se encontró con Rafa y Jessica en pleno beso. Indira, al verlos en ese instante, en ese preciso instante en que la boca de Rafa se separa de la boca de Jessica, ella, Indira, quien creía que Rafa, el pobre Rafa, el pobre hombre que la dejó por psicótica y esquizofrenica, la amaba, la seguía amando; y ella, la loca, la maníaca, la que una noche casi mataba a Rafa, pensó que este había ido a ese lugar precisamente a reconciliarse con ella, y ella pensó que, si Rafa le pedía perdón, ella, Indira, dejaría botado al norteamericano recién llegado que no sabía una pizca de español y regresaría a la casa de Rafa, al cuarto de Rafa, a la cocina de Rafa, donde una noche oscura, en ese mismo lugar, Indira, ella, la psicomaníaca, la que lo ama en toda su locura, ella una vez intentó matarlo como acto de amor, pues Rafa era suyo y de nadie más.


*La pintura es de Lucian Freud



martes, 5 de julio de 2011

Retrato


Mirándose al espejo, se vio atrapada en un lugar que, luego, de tanto mirar a la gente, se dio cuenta que era a ella a la que miraban. 



*Este texto ha sido publicado en la nave de los locos. La foto ha sido la ganadora del premio PHotoEspaña 2011.

viernes, 3 de junio de 2011

Enigma

Poco fiable parece la mirada del tipo sentado en el bar. Y es que si uno lo mira detenidamente, su aspecto incita a la desconfianza. Todos saben cómo se llama, pero cuando un extranjero pregunta por su nombre, todos lo niegan. Que es un traficante, todos lo afirman pero nadie lo sabe. 


Así pasa el tiempo. El hombre, con la mirada fija en el ventanal que da hacia la calle parece meditar en algo. Sobre la mesa un libro con un título inusual, y a su lado, un cuaderno. Y cada vez que mira a alguien, le sonríe de la manera más descarada e intimidante.  Y cuando vuelve su vista al cuaderno, coge su lápicero y procede a escribir una historia donde nadie más que él es el único capaz de descifrar esa mirada enigmática que destella en sus ojos.

martes, 3 de mayo de 2011

La biblioteca nocturna

 La biblioteca estaba abierta, lo cual no era raro a esas altas horas de la noche, pues era la biblioteca nocturna, única en su estilo, o en su especie, como dijo Juan. Después de tanto tiempo, logramos encontrarla en el subterráneo de Buenos Aires, lugar difícil de estar. Lo dijo Borges: "estar y no estar en un mismo lugar es la gran paradoja de la vida". Está bien, no lo dijo Borges. No sé quién lo dijo, pero a veces digo cosas así porque a Mariana le gusta mucho Borges aunque no haya leído su fervor de Buenos Aires, donde por cierto -aunque ya lo mencioné- está la biblioteca nocturna en un subterráneo difícil de encontrar,y cuyo director dijo que el gran sin sentido de la vida es estar en el mismo lugar donde Borges escribió sus más esplendidos relatos.