Mostrando las entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta lluvia. Mostrar todas las entradas

lunes, 9 de marzo de 2015

Pensiero

No sé por dónde empezar. Estoy tratando de conectarme nuevamente. Allá todos gritan. No me desespero. Este cuarto es un poco desolador, y este cuento muy difícil de escribir. Es mejor leer a Cortázar y encontrarse con un gato, no sé de qué color, pero lo mejor que puede salir del mundo son los gritos felices de quienes caminan bajo la lluvia.


viernes, 23 de enero de 2015

Tormenta

¿Y ahora qué?

El ruido del rudo del décimo piso 
calla
subestima la paciencia 
y el tiempo que pasa.
Pasivos desde el pavimento 
contornos que nada tienen que hacer 
y el cielo aún claro 
muestra los augurios de una tormenta descomunal 

¿Y ahora qué?

Sobre el silencio las miradas 
lánguidas y el lamento en un susurro 
sobre todo porque ahora 
llueve 
y se estremece la calle 
bajo un asedio constante 
de fuego 
y nada detiene la explosión 

Y ahora el punto final: 
      
                          La tormenta apenas empieza.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Barquitos de papel

Ir sin rumbo fijo y desembarcar en la bahía de los sueños...

Lo mejor que podemos hacer es mirar por la ventana y esperar a que escampe. Es curioso ver algunos barquitos de papel navegando por la calle. Al verlos, me pregunto a dónde irán a parar. Recordé los cuentos que inventábamos en torno a ello: un marinero contento porque al fin iría a casa, o en busca de aventuras; el deseo de todo niño con mucha imaginación: surcar los siete mares y enfrentarse con monstruos y encontrar tierras fantásticas o llegar hasta donde duerme el sol. Por eso navego sin rumbo fijo, esperando a que la tormenta amaine para poder izar de nuevo las velas.

viernes, 14 de febrero de 2014

Tres poemas

I
Cuando estalla el último suspiro
queda el adiós y tal vez el para siempre. 

Porque las pupilas se alejan más y más 
invocando toda la oscuridad del universo 
para dejar todo en silencio 
para que las palabras nunca mueran 
aunque el corazón se ausente.

Entonces la lluvia y todo el invierno 
se posan sobre el pecho que llora y maldice 
la hora 
pero no hay tiempo 

Cuando estalla el último suspiro 
queda una lágrima y un último beso.







II
El tiempo
ese sutil silencio 
que nos espera
y nos mira 
lleno de culpas y rencores
inexorable 
marca que nos deja
cicatrices que miran
un poema más
una sonrisa
              
              el vuelo de la noche.





III
Aún estando firme en esa decadencia pura 
y convertir la sonrisa en algo más 
y encontrar el agua llena de suspiros 
cuando el lamento se transforma en lluvia 
y nubes bordean las montañas 
cuando no queda más que mirar la aurora 
y los atardeceres fugaces 
cuando el sentido de la vida es muerte 
y ojos ocultan el dolor inmensurable 
porque somos polvo sin sentido 
caminos dispersos en no lugares 
y fuego que desola
porque es tan cálido el olvido 
cuando el último átomo se torne 
y seamos de pronto cenizas
o sólo la palabra subjetiva 
que cambará cuando seamos por 
fin este reducto lleno de insomnios y temores.




martes, 13 de diciembre de 2011

4:30



Tío murió un martes. El reloj se detuvo a las 4:30, hora en que hicieron la llamada. El saberlo fue algo nuevo, pues nunca supe lo que es la muerte, o mejor dicho, perder a alguien. Desde el último día que lo vi hasta el día que me dieron la noticia, yo lo sabía, lo intuía, pues sus ojos suplicaban con llanto  ya no querer sufrir más ese tormento. Varios meses acostado en una cama lo demacraron, y su sonrisa y su fuerza vital desaparecieron. Las únicas palabras que lograba pronunciar eran incongruentes, para nadie tenían sentido, excepto para mí. Porque siempre jugábamos a hablar entre dientes y a murmullos, introduciendo sílabas delante de las sílabas, convirtiendo el lenguaje en ininteligible. Esta forma de hablar la descubrí cuando tenía ocho años, y cuando tío se enteró, se hizo disponible para enseñarme a progresar en el nuevo dialecto. Así nos contábamos cosas. Yo por ejemplo le contaba sobre las malas calificaciones o las veces que me hacía el enfermo para no ir a clases, o cuando me pasaba algo y no quería que nadie más se enterara. De esa manera nos hicimos amigos. Yo sabía lo que sentía tío, y lo que quería. Aunque no quería morir, tampoco quería ver a su vieja sufrir por él; aunque igual sabía que ella sufriría. Por más determinación que tuviera, no pudo luchar más. Se rindió. No soportó el dolor ni la ira, y mandó todo por fin al infierno. Su vida queda como recovecos cambiantes que se expanden en mi memoria. Aún así, mi reloj nunca volvió a marchar y se quedó detenido a las cuatro treinta de la tarde.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Destierro

Desde ahora 
estaré en el lugar 
de los desterrados
contando estrellas 
formando figuras
constelaciones 
abriendo fisuras
dentro de mí 
para encontrar
ese punto de ruptura 
donde el mundo 
se aleja instantáneamente 
antes de acordarse 
que somos puntos distantes
tan desamparados 

que necesitamos 

las lágrimas 

para recordarnos 

que siempre 

existe 

la posibilidad 

de sobrevivir 

con la mirada 

del otro.

sábado, 25 de junio de 2011

Requiém





Dejarlos vivir. Vivir. Que inhalen y exhalen su primera respiración. Verlos abrir los ojos y disfrutar de la celebración de una nueva vida. Por una nueva vida. Todo eso ocurre mientras esperamos. Porque no sabemos cuándo será su última exhalación, la última vez que lo veamos con vida. Si es que a eso se le puede llamar vida; si ese estado en el que se encuentra es idóneo para vivir. Esa postración, su convalecencia, su agonía; eso no es vivir. Su padecimiento es lento; su muerte, agónica. Mientras otros celebran, saltan y ríen y se abrazan; mientras sacan fotografías y contemplan felices ese nuevo ser -un varón- nosotros estamos aquí, conteniendo las lágrimas, mirándole el rostro ausente, con aires de despedida, como si nos fuera a decir que se va a morir, como si supiera que se va a morir. Cada uno lo mira, y se quedan con sus pensamientos. Los recuerdos se activan, los sollozos en los rostros. Un último adiós que no se pudo concretar. Los gritos y los llantos, la inmisericordia y el dolor. Adiós perplejo. Adiós infinito. Doloroso.

domingo, 29 de mayo de 2011

Inundación

 Por lo tanto, y en vista de que no hemos llegado a una decisión absoluta, es mejor, como bien todos ustedes saben, esperar a que la marea baje, para poder recuperar todo lo que hemos perdido.

martes, 10 de mayo de 2011

Adiós

Adiós te digo 
con la frecuencia de los desesperados


Adiós con el bordoncillo de una guitarra 
con el tiempo marcado en mis manos 
cada línea vivida 
y cada palabra sacada desde el fondo de una botella 


Adiós a la miserable mirada 
triste que me regalabas cuando estabas sobria 
cuando tus manos cubrían mi pecho 
sin suspirar
y tomabas tu camino


La vereda llena de locura 
sin regreso.

miércoles, 19 de enero de 2011

Recuerdos

  Todos los recuerdos se agolpan, todos. Y estallan, forman partículas que nos hacen saber que están ahí, porque viven dentro de nosotros, y de repente suena la música que alguna vez habíamos olvidado, y caen como gotas, burbujas, melodías que nos encantan y nos llevan hacia atrás, en un viaje en el tiempo, para ser atemporales y sonreír o llorar; convertir la nostalgia en dicha cuando escuchamos la lluvia de los pensamientos caer sobre el mundo que nos rodea.

viernes, 17 de diciembre de 2010

En torno a una conversación

  De nuevo lluvia. De nuevo el caos. Las historias se dibujan continuamente sobre el asfalto. Algo de alegría; un poco de conversación en torno a una mesa. Los de alrededor se refugian de la lluvia. En la mañana el sueño marca la cadencia del regreso, el fin de la alegría, la plena alegría. Porque volver a la rutina resulta tedioso. Sin embargo regreso. Comienzo de nuevo el ciclo diario, sin vidas ni sonrisas (hablando de sonrisas, ¿dónde estará Jenny? ¿Haciendo qué cosas?) Y veo a la gente de nuevo, como objetos, lugares insignificantes. Una sonrisa a medias, un interés falso, algunas veces auténtico (¿se acordará de mí? ¿sabrá acaso que todavía estoy en el mismo lugar?) Hasta que llega la noche, y la conversación placentera me hace olvidar de dónde vengo; hasta que cierran el lugar y nos vamos (no sé si ella sabrá que yo aún la recuerdo en noches como éstas)

sábado, 2 de octubre de 2010

Nacimiento bélico


Están parados. Esperando la orden. No están muy entusiasmados. Se escuchan ruidos, detonaciones. La orden no llega. El grito se hace más profundo. El grito. El parto. Ya nace, y las bombas que retumban por todos lados. La angustia posesiva de todos los presentes. -"Estamos aquí por error, estamos aquí por error"- gritaba el padre desesperado, mientras ellos están parados, esperando el momento de atacar, de salvarse, de huir...

jueves, 30 de septiembre de 2010

Caída


Nos caemos, y no podemos ver la caída. Todos estamos a la expectativa del vértigo. Nosotros no sabemos cómo sucedió. Sólo sucedió. El vacío allí es inmenso, y todos miran y reprimen el grito. No sabemos cuándo vendrá el golpe. Si es que viene. Si es que salimos de este vértigo, y de esta caída interminable que muta nuestros sentidos.

miércoles, 14 de julio de 2010

La tarde


Para K.S,
en tardes de lluvias...






El camino parece ofrecer cosas sorprendentes. Pretendo cambiar la ruta. Algo me detiene, no sé qué es. Avanzo, sin darme cuenta de lo que sucede alrededor. La tarde ya casi termina, el cielo se pinta de añil, y pequeñas gotas sorprenden a los incautos. Unos cuantos maldicen y corren. Yo sigo, tranquilo, envolviéndome en la bruma, con el calor del frío. La calle ya está mojada. La lluvia ofrece la oportunidad de limpiar las almas, y pulir los ojos para que brillen mucho más. Quiero creer que nada de esto me sorprende; no es así. A pesar de que conozco el camino, a pesar de ser la ruta diaria, siempre me encuentro con cosas nuevas, sorprendentes. Y sonrío. Sí, sonrío al ver el horizonte apagarse; al sentir la lluvia sobre mi cabeza. Y los pájaros que cantan:

¿Cuántos cuentos
puede contar el viento?

¿Cuántas canciones
puede escuchar tu alma?

las flores que ven tus ojos
¿a dónde van?

y tu corazón
¿en qué lugar está?




miércoles, 12 de mayo de 2010

Tormenta


Está lloviendo desde hace rato. Los truenos son constantes y fuertes. Yo no sé si muchos de ellos son pasajeros destructores del silencio o mensajes premonitorios de alguna catástrofe. Aunque prefiero no hacer caso de supersticiones infundadas. Lo cierto es que la tormenta es fuerte; el techo está a punto de romperse por culpa de la furia del agua. Un rayo cerca y el estruendo del trueno que estremece a todos los que están a la expectativa de lo que irá a suceder, pues tienen miedo. Yo no tengo miedo. A pesar de la tormenta puedo escuchar la radio y leer un buen libro. Estoy sentado en la sala, solo.Entonces veo una figura que se me acerca. Yo sonrío. Ella sonríe. Porque es ella. Yo no me sorprendo que sea ella, pues quería verla, aunque sea verla pasar como un fantasma. Pero no es un fantasma, eso lo sé. Lo sé porque se me quedó mirando con una sonrisa hermosa, y al cerrar los ojos, ya no estaba allí