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jueves, 18 de septiembre de 2014

Barquitos de papel

Ir sin rumbo fijo y desembarcar en la bahía de los sueños...

Lo mejor que podemos hacer es mirar por la ventana y esperar a que escampe. Es curioso ver algunos barquitos de papel navegando por la calle. Al verlos, me pregunto a dónde irán a parar. Recordé los cuentos que inventábamos en torno a ello: un marinero contento porque al fin iría a casa, o en busca de aventuras; el deseo de todo niño con mucha imaginación: surcar los siete mares y enfrentarse con monstruos y encontrar tierras fantásticas o llegar hasta donde duerme el sol. Por eso navego sin rumbo fijo, esperando a que la tormenta amaine para poder izar de nuevo las velas.

viernes, 8 de agosto de 2014

Ideas

Trozos de papel. Garabatos de ida y vuelta. Se levanta del escritorio, va a la cocina y abre la nevera. Nada. Se siente ridículo, sobre todo al ver lo escrito. La sonrisa le cambia el semblante. Tantas historias sobre escritores que se angustiaban al mirar la hoja en blanco. Decidió no ser uno de ellos. Dejó la habitación y se fue a la sala. Al prender el televisor un reportaje de cierto escritor que murió porque no soportaba la idea del papel en blanco.



miércoles, 9 de julio de 2014

Lucidez

Hay que ver, su rostro lo dice todo, y yo aquí, mirando cómo pasan las cosas. Lo peor es que tiene el descaro de negarlo todo; decir que no pasó cuando sabe exactamente que estaba viendo. De hecho, recuerdo bien que sus manos sujetaban un libro. La tapa era algo curiosa, tenía varios dibujos, pero nunca pude leer el título. Vi cómo las cosas cambiaban de sitio, y de repente, ya no estábamos en la habitación. Todo comenzó a dar vueltas... era como si el mundo girara, como si estuviéramos en jumanji, con la diferencia de que esto sí era real. A pesar del caos creado, pude reconocer todo: la cama, los libros, la biblioteca, el televisor y la radio mal sintonizada. Libros de Orhan Pamuk, Kafka, Tolstoi y un montón de escritores rusos y turcos de nombres impronunciables. Yo trataba de descifrar lo ocurrido. Pero, aunque todo parecía normal, sabía que las cosas no eran lo que aparentaban. Sus ojos se quedaron fijos, y luego tiró el libro por la ventana. Este se desvaneció. Al menos eso  pienso, porque cuando bajé a buscarlo, ya no estaba. A menos que esté exagerando y haya pasado alguien y se lo haya llevado.

  Cuando crucé la calle, noté que la vecina me miraba suspicaz, como si no me conociera. Y en efecto, cuando la saludé, hizo un gesto para nada agradable y se metió a su casa. Me miraba desde la ventana, con una sonrisa totalmente desconocida para mí. Por primera vez, durante mucho tiempo, me sentí perdido. Estaba en la misma calle, frente a la misma casa, mirando a la misma persona que conozco desde hacía mucho tiempo, pero en otro espacio, en otro sentido, como si estuviera en el mismo lugar pero a la vez en otro diferente. Puede que todo sea una confusión, qué sé yo. Pero con el pasar del tiempo esta normalidad se vuelve más sugestiva, monótona, y las cosas que de verdad importan se viven en otro lado. Por eso, cuando pregunté lo del libro y le dije todo lo que había pasado, me miró y sonrió con sorna, y lo negó todo, pero a la vez confirmándome que mis sospechas eran, y son ciertas.

domingo, 1 de abril de 2012

Tarde imprevisible

Me niego a pensar que está allí. Es como el cuento de García Márquez que leí por primera vez... la del muchacho que ve todo desde su ataúd, y que sabiendo que está vivo se cree muerto; o ellos lo creen muerto. Es una situación parecida. ¿Qué tal si quiere decir algo antes de irse? ¿De dejar sus últimos recuerdos por escrito, o sacar las fotografías escondidas junto con las últimas barajitas de la infancia, esas que compartíamos y a veces escondíamos porque eran de buena suerte?

  No espero a que todo termine aquí. Tengo una percepción de la realidad de la que el resto de las personas carecen. No, no puedo ver a los muertos. Pero sí puedo recordarlos, y devolverles la vida en un espacio de tiempo: en la memoria. Hay canciones que hablan de ello: "si piensas en mí viviré en ti", o algo por el estilo dice una de las canciones de Mago de Öz. Las intuiciones a veces no son precisas; pero siempre recuerdo ese cuento de García Márquez, y me pregunto cómo será verse a uno mismo desde afuera, desde otro ángulo; incluso sin ser uno mismo y que no nos podamos reconocer en lo que somos o seremos. Teoría de las probabilidades. "No existen las casualidades, sino las causalidades", dicen muchos. Yo creo que existen ambas: no somos dueños del tiempo ni podemos sujetar los acontecimientos. La oblicuidad de la vida, como la podrán llamar algunos. 

Recuerdos de infancia
  Yo no estoy exento de memoria, pero tampoco soy un Funes. Puede que sea un desheredado, el tiempo me ha jugado malas pasadas, y la vida sencillamente ha sido un trajín y un ir y venir con fatigas y desesperanzas. Todavía recuerdo esa tarde de Junio donde nos sentamos a conversar y planificar lo que haríamos en el futuro; ninguno de los dos sabíamos que pronto la oscuridad se cerniría; sí, así en estilo romántico. Porque eso es la nostalgia: romanticismo puro. Cada fotografía se convierte en suceso, en una nueva historia que hay que contar porque la nostalgia olvida, el desamparo olvida... el dolor que nos pertenece y sus recuerdos que ya no son efímeros, sino constantes imperdurables que nos acompañarán hasta que nosotros mismos dejemos de existir.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Necrologica

Hacer del conocimiento público las causas de su muerte no era lo apropiado. Mientras lo pensaba, se imaginaba su cadáver allí,  en el sitio que había escogido. Aunque por un momento el miedo lo invadía, se dirigió con firmeza a su dormitorio. Lo tenía decidido. No quería dejar notas ni mensajes, era su decisión... ya no habría más engaño. 

Al día siguiente su esposa encontró el lugar vacío, la casa desahuciada, y en el jardín, flores que adornaban una tumba.

sábado, 14 de enero de 2012

Historia de fin del mundo: Preludio

Dos borrachos bailaban mientras llegaba la hora crucial. Nosotros, del otro lado de la calle, los mirábamos. Otro sujeto los grababa. Ellos gritaban constantemente "¡este es el baile de fin del mundo, este es el baile de fin del mundo!" Algunos pensaron que ambos deliraban debido a la borrachera. Pero lo que ambos gritaban no era ningún cuento. Nadie estaba preparado sino para celebrar. Cervezas, champañas, sangría, ron... todas las bebidas preparadas para la celebración. Nosotros reíamos. Pobres ingenuos, escuché decir, y luego la carcajada incontenida. Ahora muchos se arrepienten. Nada puede compararse al frío ostracismo en el que nos sumergimos. El fin no ha llegado, es cierto. Pero la historia de fin del mundo muy pronto será escrita.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Gemelas



Para Delia Mariana
O Mariana Delia
O como se llame



La última vez que la vi, le dije a Mariana que escribiría algo para ella. La verdad, el asunto se me ha complicado. Tengo las ideas y los argumentos, incluso la trama. Le comenté sobre ese proyecto –aunque más que un proyecto, es un compromiso– a Delia, y por razones que no entendí, estalló en cólera. Traté de calmarla, pero mis esfuerzos fueron inútiles. Al escuchar sus argumentos, o sus gritos, no pude evitar la carcajada. Sorprendida me miró, me dijo imbécil y tiró la puerta. No sabía cual era el rollo que se traían las dos. No volví a ver a Mariana porque aún no había terminado lo que le prometí. Delia, después de ese arranque me visitó varias veces, y en cada visita se burlaba de mis esfuerzos que aún no habían dado frutos. Le pregunté el por qué tanta socarronería, y burlona, me dijo que Mariana era su hermana: su hermana gemela. La noticia me sorprendió. No pude concebir que ambas fueran hermanas, y mucho menos gemelas. El único parecido que tenían era el color de la piel, del resto, eran incompatibles.

  
Perplejo, le pregunté si era una broma, a lo que me respondió muy seria que no. “Entonces, ¿cómo es posible que, siendo hermanas, yo jamás las haya visto juntas?” –Le pregunté– “Además, ustedes dos no se parecen en nada” Su risa fue sarcástica, y dijo que si yo era muy amigo de Mariana, que le preguntara a ella.
Ilustración de Luis Scafati.
 Durante varias semanas estuve dándole vueltas al asunto. Lamentablemente Delia se fue, pues las clases ya habían terminado y ella aprovechó para irse a la playa o no sé dónde. Quería saber más sobre su historia y la de Mariana. De Mariana, a quien no la vi más –supuestamente se fue para Argentina –obtuve un correo electrónico donde me explicaba que todo lo que Delia me había contado era falso; que ella nunca tuvo una hermana, y menos gemela; que Delia no se llamaba Delia; y que ella se fue porque obtuvo una beca para estudiar en el extranjero y escogió Argentina. Por Último, me pedía, por favor, que concluyera ese relato donde yo hablaba sobre ella y Delia, y de la desaparición de esta. “Tus personajes siempre andan en fuga, como Delia y yo”
 Al no tener ningún otro motivo para escribir, decidí enviarle las notas del dichoso cuento y dejar las cosas así. Me sentí burlado y engañado. “El mundo es pura ficción” leí por ahí. Entonces me di cuenta –por fin –que tanto Mariana como Delia nunca existieron, a pesar de las pruebas. Que ellas no eran ellas. Eran dos impostoras que se aprovecharon de mi ingenuidad, me hicieron escribir, y luego, las dos juntas, se marcharon para burlarse de mi inocencia.

martes, 13 de diciembre de 2011

4:30



Tío murió un martes. El reloj se detuvo a las 4:30, hora en que hicieron la llamada. El saberlo fue algo nuevo, pues nunca supe lo que es la muerte, o mejor dicho, perder a alguien. Desde el último día que lo vi hasta el día que me dieron la noticia, yo lo sabía, lo intuía, pues sus ojos suplicaban con llanto  ya no querer sufrir más ese tormento. Varios meses acostado en una cama lo demacraron, y su sonrisa y su fuerza vital desaparecieron. Las únicas palabras que lograba pronunciar eran incongruentes, para nadie tenían sentido, excepto para mí. Porque siempre jugábamos a hablar entre dientes y a murmullos, introduciendo sílabas delante de las sílabas, convirtiendo el lenguaje en ininteligible. Esta forma de hablar la descubrí cuando tenía ocho años, y cuando tío se enteró, se hizo disponible para enseñarme a progresar en el nuevo dialecto. Así nos contábamos cosas. Yo por ejemplo le contaba sobre las malas calificaciones o las veces que me hacía el enfermo para no ir a clases, o cuando me pasaba algo y no quería que nadie más se enterara. De esa manera nos hicimos amigos. Yo sabía lo que sentía tío, y lo que quería. Aunque no quería morir, tampoco quería ver a su vieja sufrir por él; aunque igual sabía que ella sufriría. Por más determinación que tuviera, no pudo luchar más. Se rindió. No soportó el dolor ni la ira, y mandó todo por fin al infierno. Su vida queda como recovecos cambiantes que se expanden en mi memoria. Aún así, mi reloj nunca volvió a marchar y se quedó detenido a las cuatro treinta de la tarde.

martes, 9 de agosto de 2011

De referencias



   Todo lo que hago es esperar. Escapar es una opción, pero no la apropiada. El ruido se hace más intenso, mientras tanto miro al cielo; algunos consideran que estoy loco. Hasta me mandan a un cuarto oscuro para que, según ellos, tome un poco de descanso. No es así. Aquí nadie duerme. El ruido es insoportable, hay un loco que se cree el fantasma de la ópera, sin saber siquiera que ese musical es una farsa (me lo dijo el del cuarto de al lado, quien dice saber mucho de esas cosas). A pesar de los gritos, puedo leer un rato; y a pesar de que lo intento, no puedo contener mi emoción de leer a Petrarca (gran piedra en el zapato es este libro), pues es poesía pura, no importa el italiano, con un diccionario resuelvo. Me intriga saber quién fue esa tan mentada Laura, pero aquí la biblioteca está prohibida. Como si los libros volviesen locos a la gente, como le pasó a ese tal Quijote que no terminó en un manicomio porque en realidad no existió.

viernes, 22 de julio de 2011

Psicomaníaca




 Al entrar por el otro lado de la casa, Rafa no se percató de lo incómodo que sería la ocasión cuando se encontrara con Indira, mujer apacible que, cuando se calentaba, no dejaba piedra sobre piedra. Literalmente. Así va este hombre, sonriendo y saludando a todos los presentes. Indira, mientras tanto, sonreía y hablaba con Tom, un norteamericano recién llegado que no sabía nada de español. Indira tampoco contaba con que la presencia de Rafa la iba a perturbar; pero todo a su tiempo. Indira hablaba en inglés y le traducía al pobre gringo que igual nada entendía, pues Indira hablaba un pésimo inglés. Tom sale a buscar más cerveza y se tropieza con Rafa, quien, por supuesto, no sabe quién es ese pobre gringo desubicado que tiene pinta de estar borracho. En una mesa se encuentra a Jessica, quien lo abraza y le da un beso en la boca, costumbre que no han perdido desde que fueron novios. Con lo que no contaban ni Jessica ni Rafa, es que Indira, al irse Tom, fue al baño, y por supuesto, al salir de este se encontró con Rafa y Jessica en pleno beso. Indira, al verlos en ese instante, en ese preciso instante en que la boca de Rafa se separa de la boca de Jessica, ella, Indira, quien creía que Rafa, el pobre Rafa, el pobre hombre que la dejó por psicótica y esquizofrenica, la amaba, la seguía amando; y ella, la loca, la maníaca, la que una noche casi mataba a Rafa, pensó que este había ido a ese lugar precisamente a reconciliarse con ella, y ella pensó que, si Rafa le pedía perdón, ella, Indira, dejaría botado al norteamericano recién llegado que no sabía una pizca de español y regresaría a la casa de Rafa, al cuarto de Rafa, a la cocina de Rafa, donde una noche oscura, en ese mismo lugar, Indira, ella, la psicomaníaca, la que lo ama en toda su locura, ella una vez intentó matarlo como acto de amor, pues Rafa era suyo y de nadie más.


*La pintura es de Lucian Freud



jueves, 14 de julio de 2011

Funeral



  Puedes estar seguro de lo inevitable. Golpe tras golpe, puedes llegar a pensar que la vida no vale la pena. Así es, mi amigo, la vida no vale la pena. Palabras condescendientes cuando te enfrentas al horror de un funeral. Hay, incluso, quien llega a decir "¿qué pensará el muerto?" Pues el muerto no piensa en nada. "Míralo, los ojos cerrados". "Se parece mucho a..." y conversaciones de ese tipo. "Tuve una premonición, yo sabía que se iba a morir" dice alguna vieja que fuma tabaco. Que sabía que se iba a morir. Sabes que todos algún día moriremos. Puedes pensar que es pesimismo puro; fíjate en los de allá: esos que gritan y lloran porque eran amigos del difunto. Amigos que luego se olvidan que tuvieron un amigo. Así son las cosas. Noches de insomnio. Sueños agitados. ¿quién dice que los muertos lloran? Echa un vistazo a tu alrededor y mira a todos aquellos que no volverás a ver hasta el próximo funeral.

sábado, 25 de junio de 2011

Requiém





Dejarlos vivir. Vivir. Que inhalen y exhalen su primera respiración. Verlos abrir los ojos y disfrutar de la celebración de una nueva vida. Por una nueva vida. Todo eso ocurre mientras esperamos. Porque no sabemos cuándo será su última exhalación, la última vez que lo veamos con vida. Si es que a eso se le puede llamar vida; si ese estado en el que se encuentra es idóneo para vivir. Esa postración, su convalecencia, su agonía; eso no es vivir. Su padecimiento es lento; su muerte, agónica. Mientras otros celebran, saltan y ríen y se abrazan; mientras sacan fotografías y contemplan felices ese nuevo ser -un varón- nosotros estamos aquí, conteniendo las lágrimas, mirándole el rostro ausente, con aires de despedida, como si nos fuera a decir que se va a morir, como si supiera que se va a morir. Cada uno lo mira, y se quedan con sus pensamientos. Los recuerdos se activan, los sollozos en los rostros. Un último adiós que no se pudo concretar. Los gritos y los llantos, la inmisericordia y el dolor. Adiós perplejo. Adiós infinito. Doloroso.

viernes, 3 de junio de 2011

Enigma

Poco fiable parece la mirada del tipo sentado en el bar. Y es que si uno lo mira detenidamente, su aspecto incita a la desconfianza. Todos saben cómo se llama, pero cuando un extranjero pregunta por su nombre, todos lo niegan. Que es un traficante, todos lo afirman pero nadie lo sabe. 


Así pasa el tiempo. El hombre, con la mirada fija en el ventanal que da hacia la calle parece meditar en algo. Sobre la mesa un libro con un título inusual, y a su lado, un cuaderno. Y cada vez que mira a alguien, le sonríe de la manera más descarada e intimidante.  Y cuando vuelve su vista al cuaderno, coge su lápicero y procede a escribir una historia donde nadie más que él es el único capaz de descifrar esa mirada enigmática que destella en sus ojos.

viernes, 13 de mayo de 2011

La sonrisa de Guasón

  En respuesta a su soliloquio el hombre que despachó se sintió conmovido por la sonrisa llana del extranjero.  Más claro aún se vio que en la noche las palabras eran insuficientes para calmar la melancolía surrealista disconforme a la realidad insana de glóbulos rojos que aparecen en forma de obsequiantes e inquietantes perfumes de azufre. Cuando se enteró, no pudo salir de la trampa. La confabulación estentórea se volvió una quimera, un asunto para reír. Había leído tanto que perdió la secuencia de los días y las firmes palabras que leyó de algunos genios en ese momento le parecieron incomprensibles. Habitar la casa, la palabra… pero no era esto lo que aparecía de pronto, no eran palabras lo que encontraba, eran balas; fue en ese instante cuando entendió el pleno significado de la palabra muerte, que no es palabra sino estado… la desaparición absoluta de alguien que dejó de existir. Por más que buscara el significado, se daría cuenta que más que palabra era condición, un dejar de estar… y tanto decir que la palabra es la casa del ser… pero también es el hecho permanente para dejar de existir.

martes, 3 de mayo de 2011

La biblioteca nocturna

 La biblioteca estaba abierta, lo cual no era raro a esas altas horas de la noche, pues era la biblioteca nocturna, única en su estilo, o en su especie, como dijo Juan. Después de tanto tiempo, logramos encontrarla en el subterráneo de Buenos Aires, lugar difícil de estar. Lo dijo Borges: "estar y no estar en un mismo lugar es la gran paradoja de la vida". Está bien, no lo dijo Borges. No sé quién lo dijo, pero a veces digo cosas así porque a Mariana le gusta mucho Borges aunque no haya leído su fervor de Buenos Aires, donde por cierto -aunque ya lo mencioné- está la biblioteca nocturna en un subterráneo difícil de encontrar,y cuyo director dijo que el gran sin sentido de la vida es estar en el mismo lugar donde Borges escribió sus más esplendidos relatos.

sábado, 19 de marzo de 2011

Café Nocturno

  No se debería tomar café por las noches, no es bueno. La imaginación se rebela y no hace caso; hace lo que se le da la gana, y después es imposible detenerla. Y dormir también. Las horas se pasan; fantasmas. En eso se convierte el tiempo por las noches. Luego el insomnio. Mirar la oscuridad y encontrar recuerdos, cosas olvidadas y otras por hacer. Pensar en el futuro o en la soledad, la oscura soledad que está allí. La noche larga. La marcha de la angustia. Aparecen todas las cosas de pronto. Todo lo que está oculto surge. Eso maravilla al noctámbulo. Entonces un libro, un cuaderno y un bolígrafo o lo que se encuentre para capturarlos a todos. Porque están allí y luego se quieren ir, pero hay que atraparlos en las hojas, en las palabras que se configuran y surgen. Esa es su prisión, lo que usamos para recordar algo indefinido, para que no se vuelva a ir. Para saber que algún día fuimos algo. Y que hay mucho por hacer. Por vivir o caminar, como dicen los poetas. Y todo esto, todos lo saben, desaparecerá, así de pronto, hasta que exhale el último aliento de los atrapados por las palabras trepidantes que, como siempre, desaparecen.

lunes, 14 de marzo de 2011

Las fuentes de la sabiduría

  Despiertos bajo el manto nebuloso. Colores irreconocibles. Una maldición, y la piedra va a rodar lejos, estrellándose contra otras que corren la misma suerte. Por eso el lugar no es el apropiado, nunca lo ha sido. Sitio cosmogonico... ¿qué civilización se estableció aquí? Los más primigenios reconocen los colores, los que están por primera vez creen que están perdiendo el tiempo... ¿Para qué mirar el cielo? ¿qué dice el águila en su precipitado vuelo? Los viejos dicen que allí nació el poema... la leyenda milenaria... ¿Quienes eran? ¿Qué hacían?... Y ahora sus descendientes, ellos, jovenes que no veían razones para estar en ese inmenso desierto insiginificante, deciden regresar a la ciudad y divertirse con las comodidades que les ofrece la vida moderna.

domingo, 13 de febrero de 2011

Nos-otros

Nos desaparecemos en pedacitos. Somos tragados sin ser conscientes de lo que sucede, sin darnos cuenta de que nuestros cuerpos nos quieren fuera de ellos y por eso se rebelan, por eso se van poco a poco, dejándonos con la fatiga y la ignorancia de nuestra propia ruina. Puede que un día, cuando despertemos, ya no estemos aquí, y veamos caminar a los otros -que fingen ser nosotros- sonreír con desfachatez, alegres por haberse librado de unos seres que los ataban y los usaban, destruyéndolos y ejecutando sus más oscuros deseos. Por eso son felices, ejecutando su plan con parsimonia para librarse de nos-otros.

sábado, 5 de febrero de 2011

Sobre un cuento

La genialidad del cuento reside -decía con la vasta emoción de los que se quedan sin aire por hablar tan rápido- en las sustancias heterogeneas del ambiente. Pareciera que se desarrollara en muchos lugares, pero al mismo tiempo en ninguno; y en la expresión de los personajes y en el gesto ridículo de Mildred al leerlo -y sonaba esa carcajada que hacía retumbar las paredes-. Además el  factor tiempo es muy importante. Todo es tan vertiginoso que no se sabe cuando se comienza ni se tienen noción de cuando se acaba. Por eso los personajes quedan en el limbo, sin saber qué hacer, como si comenzaran de nuevo. Y la tonta de la Mildred que cree que ahí acaba todo pero no se da cuenta de que el final es el final de uno mismo y es uno quien sigue la historia porque no todo está dicho y si no se es cuidadoso puede que uno termine siendo el personaje que no quiere ser y ahí sí es verdad que uno termina como Mildred quien es o cree ser la asesina que los degolló a todos ustedes -y se iba, como siempre, delirando con su cuento sobre Mildred, quien fue condenada por asesinar al resto de su familia.

lunes, 31 de enero de 2011

Una pequeña historia contada al tiempo

 Primero debo aclarar que estas teclas ya no dan para más, y que puede ser inútil todo intento de repararlas. Puedo teclear duro y siempre habrá una palabra, una letra que pase desapercibida, porque muy pocos se dan cuenta de esos detalles. No estoy diciendo que mi máquina no funcione; todo lo contrario, el que no funciona soy yo. A esta conclusión he llegado debido a los últimos acontecimientos. Pero eso lo contaré otro día, porque ya el sueño me está invadiendo. Tengo que apresurarme a escribir esa historia que quiero escribir antes de quedarme dormido.
Alguien podría decir que la longevidad es algo extraordinario. ¡Feliz el hombre que llegue a los cien años! Y hay imbéciles que lo escriben en números romanos. La verdad no es nada agradable ni afortunado llegar a esta edad. Ya el cuerpo no funciona. Los cien años, al umbral de la muerte. ¿Es esto motivo de alegría? Yo no lo creo. Ya no aguanto los dolores, no puedo caminar y mis necesidades ya no las puedo hacer por mí mismo; siempre hay alguien que me está llevando, si es que hay alguien. Pero como dije voy a contar una pequeña historia. Pero será en otra oportunidad, necesito descansar, mañana a lo mejor podré acordarme de todo lo que he dicho hoy.