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lunes, 30 de abril de 2018

La transformación de Kafka



 Franz Kafka estaba allí esa noche, y nadie lo notó. Yo lo vi cruzar desde la cocina hacia el salón. Venía corriendo con tal rapidez que pasó desapercibido entre la multitud. Yo lo seguí, con la mirada expectante. Deseaba que pudiera llegar bien a su destino. Hasta que lo perdí de vista. En el grupo alguien hablaba sobre Gregorio Samsa. Yo no lo conocía; pero según contaban, un día se enfermó y no lo volvieron a ver. Contaban que tres hombres aseguraron haber visto un bicho en su habitación. La historia me pareció peculiar e insólita. “Nadie puede transformarse en un bicho; eso es algo imposible”. Yo recordé a Kafka, cuando lo volví a ver. Esta vez estaba en el techo, como escuchando nuestra conversación. Nadie notaba su presencia, y él tampoco quería ser reconocido. Lo saludé con la mano, y él clavó su mirada en mí. Estuvimos así durante un breve momento. Alguien aseguró que la hermana de Gregorio era la única que le proveía lo necesario para subsistir, pero que lo hacía más por piedad que por amor a su hermano. Al fin que Gregorio se murió. Nadie supo cómo. Unos afirmaron que fue por una enfermedad que sufría desde hacía tiempo; otros que porque se convirtió en un bicho y decidió morirse para no causarle más problemas a su familia. “Un acto de amor”, dijo uno. Dentro del grupo había un gran pesar. Creo que fue por la muerte de Gregorio o porque Kafka no aparecía por ningún lado. Alguien dijo que seguía enfermo. Todos callamos. De repente vi a Kafka; venía hacia nosotros cuando se escuchó un grito. Traté de llegar al sitio donde se formaba el alboroto, y al fin, después de tantos empujones y codazos, pude ver a un hombre en el piso. Al parecer estaba muerto. Todos lloraban. Era Kafka, quien había decidido transformarse para pasar desapercibido entre la multitud. Alguien lo pisó con su zapato pensando que era un bicho que trataba de ocultarse en algún sitio de la casa.

martes, 26 de mayo de 2015

Alterno



Estar rodeado de ti. Verte frente al espejo, o en el sillón. Miras con intriga. Preguntas, respondo. Sigues con sigilo hacia la cocina, miras los cuadros, todos iguales. La misma figura, el mismo retrato. No hablas durante todo ese tiempo. Después de responder surgen, de nuevo, las dudas. Hablas. Tratas de no desesperarte. Me preguntas por qué tantos puntos y tantas comas. Porque quiero saber si eres real, respondo, o si vienes de otra dimensión.

jueves, 9 de octubre de 2014

Mr. Nobody

Escribir con las vísceras, insertar las palabras como
 si fueran puñaladas y dejar el alma pegada en el piso, 
arriesgarnos a destrozarnos a nosotros mismos, como ¿caníbales? 
Sí, caníbales literarios. Tenemos el poder para armarnos
 y decir que estamos aquí, en medio de la nada, 
que alcen sus caras y nos vean. 


Somos nadie. Somos todos. Somos el reflejo de años y décadas de desamparo y descuido. Aquí estamos, en medio del mundo, en bares y oficinas, vistiendo trajes; chóferes y hombres de negocios. Todos somos uno. El mundo nos necesita, aunque no lo sepan. Somos el orden en medio del caos, lo que nadie se puede imaginar, lo hacemos. Todos somos nadie. Deambulamos por plazas y mercados sin que la gente nos note. Merodeamos por las bibliotecas públicas y recintos universitarios, sonreímos afablemente y miramos... esperamos. Creamos el caos para mantener el orden. Tratan de vigilarnos, pero siempre nos escabullimos. Estamos inmersos en este mundo lleno de psicópatas y pedantes. Nadie nos dice lo que debemos hacer. Somos nadie, la idea reiterativa de lo que se comenta en las noticias acusando a otros. Nadie es culpable, sólo la masa servil que va de un lado a otro siguiendo ordenes, y nosotros somos el caos de ese orden. Somos todos, somos nadie, somos Tayler Durden.


Basado en la novela
"the fight club" 
de Chuck Palahniuk.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Barquitos de papel

Ir sin rumbo fijo y desembarcar en la bahía de los sueños...

Lo mejor que podemos hacer es mirar por la ventana y esperar a que escampe. Es curioso ver algunos barquitos de papel navegando por la calle. Al verlos, me pregunto a dónde irán a parar. Recordé los cuentos que inventábamos en torno a ello: un marinero contento porque al fin iría a casa, o en busca de aventuras; el deseo de todo niño con mucha imaginación: surcar los siete mares y enfrentarse con monstruos y encontrar tierras fantásticas o llegar hasta donde duerme el sol. Por eso navego sin rumbo fijo, esperando a que la tormenta amaine para poder izar de nuevo las velas.

viernes, 8 de agosto de 2014

Ideas

Trozos de papel. Garabatos de ida y vuelta. Se levanta del escritorio, va a la cocina y abre la nevera. Nada. Se siente ridículo, sobre todo al ver lo escrito. La sonrisa le cambia el semblante. Tantas historias sobre escritores que se angustiaban al mirar la hoja en blanco. Decidió no ser uno de ellos. Dejó la habitación y se fue a la sala. Al prender el televisor un reportaje de cierto escritor que murió porque no soportaba la idea del papel en blanco.



miércoles, 23 de julio de 2014

Adverbios

  Encuentro fascinante la manera en que las personas reflejan sus "pensamientos" en los medios más inexpresables. Es una tontería lo que estoy diciendo, ya medio mundo está hablando de ello. No, no quiero decir nada más de lo que dije, allá ellos si malinterpretan, tergiversan, distorsionan o inventan lo que yo digo. Cada quien es libre de hacer lo que quiera, ¿y quién soy yo para quitarles ese derecho?

  Recientemente leyendo un artículo me dí cuenta de las razones obtusas para seguir con la manía de malgastar el tiempo en caritas felices. Pero comprender lo obtuso no es fácil. aún así, a veces es mejor no dejar de escribir lo que ya está plasmado en el pensamiento, así que, ¿qué más da si todos los chacharos se pierden en el océano?

  Esa es la tormenta exacta. Hace años que se esperaba algo así, pero sería imprudente afirmarlo, no hasta que llegue a la costa.

  ¿Ves las manos y los pies? ¿Sientes los dedos y las caricias? ¿Puedes distinguir los colores? ¿O acaso te crees muy sabio para darte cuenta que no vives ni siquiera la cuarta parte de lo que debes vivir?

  Y pernoctar en la penumbra de la palabra, lo insondable del sueño, lo mismo de siempre y la continuidad de lo superfluo.

  Escribirte los mil y un poemas, y aún así no bastarían para decir Te Amo.

  En comparación con todo lo que anteriormente se ha escrito, esto no es nada.

  Ves las figuras que se mueven, las estrellas pernoctando en la galaxia, una lluvia de vez en cuando, lo maravilloso de todo esto,
¿y piensas que la nada lo es todo?

 Dijiste una vez que las cosas a veces mudan de lugar, tal como en el cuento de Liendo y en el de Garmendia. Como están las cosas, creo que es cierto, porque desde que llegué a este lugar, todo lo que había se ha ido, ya no está.

 God bless us evryone, y sé exactamente cómo se siente, y sin embargo, no me siento tan desamparado como crees.

 

  ¿Y confías en alguien a quien ni siquiera conoces? Ten cuidado y no te devore la computadora, a Lucas eso le pasó una vez, y cuenta que fue desagradable ver a tanta gente apiñada en un espacio tan reducido.

  ¿Por qué tantos adverbios? ¿No te alcanzan los que tienes para decir todo lo que quieres decir? ¿O es que quieres matar adverbialmente a los que alguna vez te lean? ¿Si es que acaso habrá alguna vez? ¿O si habrá alguien que te lea? ¿Habrá alguien? ¿Habrá?

viernes, 15 de noviembre de 2013

Ataduras

De Lorena sé decir que la conozco poco a pesar de todas las tardes que pasamos juntos. Eso fue hace mucho tiempo. Pero aún así, surge de repente preguntándome sobre cómo es vivir en un lugar donde hace frío. Mi respuesta era una sonrisa. A veces la tristeza la invadía, y entonces surgía el odio por todas las cosas, empezando por la vida, y terminando por mí. Yo no sé decir si en realidad estaba bien. La veía todas las tardes, después del trabajo, y nos íbamos por la Urdaneta, bajo el umbral de los árboles y la oscuridad acechante cuando eran los últimos meses del año. Lo que más recuerdo de Lorena es esa mirada limpia y profunda, con media sonrisa cuando quería decir algo. Uno de esos últimos días me dijo que tenía que regresar a Argentina, que su papá estaba mal y que de su hermano no sabía nada. Ni modo, ya el regreso a casa no sería el mismo. Ella esperó a que dijera algo, que diera la respuesta a la pregunta que me hacían sus ojos. En vez de eso, un abrazo y un cuídate mucho fue lo que brotaron de mis labios. Con su sonrisa a medio camino con el llanto, me dijo que lo haría. Lorena se marchó con la tristeza atada a su pecho, y yo recorro las tardes oscuras entre los árboles imaginando una vida muy lejana a esta.

jueves, 29 de agosto de 2013

Carta a M

Irene. La recuerdas a cada instante. Recuerdas el día que se marchó de su casa. Pensamos que daría una vuelta, y estuvimos esperando toda la tarde, el día siguiente... de hecho esperamos varios días, pero nos resignamos a que no volveríamos a verla. Te quedaste pensando, desconsolada si algún día volvería. Extrañabas charlar con ella sobre libros y técnicas de costura. Los días se te hacían largos, y cuando yo regresaba del trabajo te encontraba un poco desconcertada. Entonces me decías que no tiene sentido que exista el tiempo, que las cosas ya no tienen ningún orden y que para qué llevar la cuenta de los días si todos son iguales, inexorablemente los mismos con la decadencia del mundo. Entonces llorabas, porque sabías que a partir de ese momento estarías sola. Es verdad, me tenías a mí; pero a diferencia de Irene, yo no leía sino sólo los magazines deportivos, y tejer era una aberración. Nada de esas cosas las sabía hacer. Entonces me dí cuenta de cuán susceptible eres. Tan frágil. Y yo en mis cosas; ir al fútbol o a la cancha con los amigos; ir y venir del trabajo, ver los noticieros... 

  Dónde estará Irene, repetías con harta frecuencia. Irene, la pobre Irene.  Tal vez desapareció en el borde de alguna colina. Tú y yo sabíamos que no estaba del nada bien. Aunque era agradable. Pero era tu confidente. Y eso fue lo que te desarmó. Yo no supe ser sino aquel a quién mirabas fijamente y le sonreías y le preguntabas ¿todo bien? con una sonrisa protectora, esa que ahora añoro. Y me doy cuenta que tu felicidad estribaba en que habías hablado con Irene sobre tal o cual libro, o por lo que escucharon en la radio sobre algún concierto al que me llevabas arrastrado o por la buena crítica que hacían hacia alguna película que a ambas les había gustado. Pero desde que se marchó así sin previo aviso... es verdad, tenía a su hermano. Y ella te había dicho que lo iría a buscar... ¿no será ese el motivo por el que se fue?

 El doctor me dijo que te podía escribir, pero que no te hablara de Irene. Pero, ¿qué otra cosa puedo hacer si tú me recuerdas a ella? Por ella estás aquí. Por ella te fuiste. Y ahora te extraño; no me di cuenta de lo peligroso que era. Sabes cuánto te quiero. Espero que alguna vez me puedas reconocer, como antes, y que te recuperes y vuelvas a casa. He adquirido el hábito de leer, así que no te aburrirás más porque ya sé hablar de libros. Sobre todo de ese donde se cuenta una historia de unos hermanos que dejan su casa porque al parecer había alguien más allí. Algo parecido a lo que le sucedió a Irene...

 Al irme miro cómo miras tus manos al mismo tiempo que sientes las gotas en tu rostro, y cuando miras al cielo imagino que sientes todo el miedo del mundo, como si las cosas no estuvieran en su sitio, y corres en busca de refugio. En ese instante piensas en el último concierto, la noche fuera del teatro y la oscuridad acechando los faroles. La cálida mañana en el jardín donde leías una de las tantas epopeyas. Y aún cuando estás temblando de ese frío que te cala los huesos, una sonrisa se dibuja en tu rostro, como cuando sonreías por cualquier gesto inútil que yo hacía para hacerte sonreír.

jueves, 30 de mayo de 2013

Pretérito imperfecto


"Estamos hechos para la memoria,
 estamos hechos para la poesía 
o posiblemente estamos 
hechos para el olvido."
Borges

I
A veces se exige más de la cuenta. Cifrar la esperanza en una probabilidad, en inexactitudes que después no se recuerdan. Un tal vez utópico que rodea la ingenuidad. No más palabras, se escucha en medio de la calle, no más palabras y lancémonos al olvido, que la memoria nos guíe a este infinito sin frases y nos cubra la mirada... Y del otro lado alguien escucha con conmiseración lo que dicen. Pobres, no saben lo que es la vida, piensa. Y se retira. Fue joven, hace tiempo, y todavía tiene esperanzas. Por eso aguarda a que algún día alguien diga su nombre en voz alta, y recuerde con esa sonrisa como cuando recuerda las cosas de tiempo atrás; entonces sabe lo que es la felicidad, y se dice que ese pequeño espacio no lo cambia por nada, la de sus recuerdos. Y los nombres se le atraviesan en la garganta, como queriendo salir. Son tantos; rostros, calles, casas, lugares... todo lo que quiere nombrar... a los que están y a los que no. Por eso escribe. Un nombre por hoja, una historia, un recuerdo. Dice que no tiene espacio, pero miente. Tiene todo el espacio suficiente en su memoria como para no morir de soledad.



II

Cuando camino por las calles a veces miro los rostros de las personas. A veces hago comparaciones, que si se parece a tal o a cual, algún conocido que no saludo por la rapidez de la marcha, pero ese momento se queda en la memoria; como cuando Fabiana me vio y me saludó y me dijo ¿te haces el loco o qué? y juro que no es que me estaba haciendo el loco, sino que en realidad no la vi. Creo que es algo natural el que uno vea a un conocido y estos se hagan los locos, los que te miran y dicen en sus adentros yo a este no lo conozco. Es verdad, uno hace lo mismo, pero uno no se encuentra a conocidos en la calle todos los días, sobre todo si no sales de tu casa con tanta frecuencia como para notar los cambios que surgen en la ciudad. Porque a veces es mejor mirar los rostros de los desconocidos y buscar cosas en común con aquellos que conociste. Una realidad paralela creada... un espejismo; eso es lo que surge, espejismos que a veces uno desearía fueran reales.



III


Al verlo salir, cerró la puerta y pensó por un momento sobre todas las cosas que habían vivido hasta ese momento. Cerró los ojos, contuvo el llanto con todas sus fuerzas, para que el dolor no se abalanzara y la tumbara allí. Caminó poco a poco hasta su cuarto. Se recostó y cerró los ojos, un momento nada más para escuchar lo que tanto anhelaba. Pero ese sonido nunca llegó.

IV

Se siente solo, extrañamente perdido y solo. Al abandonar la casa, olvidó sacar su libro, ese que dejó en pretérito imperfecto.







jueves, 4 de abril de 2013

Cuando quieras, vuelve

"Porque los escritores suelen basar sus 
personajes en la gente que conocen.
Así que posiblemente yo puedo llegar
a ser uno de tus personajes". 
R.M


Tenía un título excepcional, pero lo he perdido. No te importa, ¿verdad? Si es así, házmelo saber, ahí inventamos uno que vaya a la medida de este texto. Tal vez pienses que te estoy escribiendo una carta; pero por favor, deja que te ficcionalice un poco. Sí, sin querer te convertirás en un personaje más. Un personaje al que le escribo, por cierto. Muchos no estarán de acuerdo al hecho de que yo le escriba cartas a mis personajes, pues, según dicen, estos llegan a ser muy reales, y en palabras de ellos, yo me obsesiono y les escribo cartas, como en este momento, para pedirles autorización para incluirlos en algún texto. No digo cuento, novela, relato o poema porque no sé exactamente en qué género los incluiré. Por eso digo simple y llanamente texto. Pero como te dije, esta no es una carta, no vayas a pensar... bueno, sabes muy bien el interés que tengo por lo que hago, y aunque no nos conocemos bien, nos une una extraña amistad, tal vez por el interés mutuo de mirar las cosas desde la perspectiva más oblicua de los acontecimientos (a estas alturas no sé qué más escribir). Pero con todo y eso, nos hemos permitido la confianza de los que se conocen de toda la vida; hablar de la familia y el trabajo y los libros leídos y de que todo se está yendo al carajo; pero esto último no importa. Lo que realmente interesa son las conversaciones y los cafés y las bromas y las risas (ya esto empieza a ser muy cursi) y Bolaño. Me dijiste que estabas leyendo Bolaño y Tyzka y Di stefano. Lecturas simultáneas que se cruzan a veces y no recuerdas cuál historia estás contando.


Cartas al viento

  La última vez que te dije que había escrito un cuento o una historia, era la que estaba escribiendo para ti; pero la he perdido, y lamentablemente no recuerdo muy bien de qué iba. Eso es algo que todos me reprochan. Que siempre ficcionalizo a los que conozco, que los convierto en personajes. Creo que no eres la excepción. ¿o sí?.

 Al leer lo escrito, pienso en la última vez que leímos un cuento. Yo no sabía lo que sucedía en el entorno; recuerdo lo leído, los planes de lectura: ninguno concretado, pues las diferentes ocupaciones nos han mantenido alejados. ¿Pero qué otra cosa se puede hacer sino extrañar a aquellos de quienes escribes? Sobre todo si les escribes. No son ínfulas de superioridad ni nada de eso. Yo solía escribir. Ahora no tanto. Sin embargo, me permito decir que te extraño. ¿Cuándo volverás a los libros? Si algún día te decides, tal vez puedas  convertirte de nuevo en ese personaje que olvidé. Por eso, cuando quieras, vuelve.

domingo, 10 de junio de 2012

Cicatrices

y aunque conquiste
el espacio.
Zapato 3


Otra vez suena el teléfono. Una, dos, tres veces. Y no contesta. Callada, busca la sombra de lo definitivo, de lo que escuchó esa mañana. Es muy probable que no entienda las razones. "Porque no hay razones", le escuchó gritar. Un grito desesperado, y de nuevo el teléfono: "quiero saber si estás bien, si necesitas algo, llámame". No vale la pena contestar las llamadas. No vale la pena escuchar a los demás lamentarse por lo sucedido. "No es tu culpa", ha escuchado decir durante el funeral. Un no es tu culpa tan reiterativo que por momentos creía que sí lo era. Todos los días compartidos, las miradas cómplices y los deseos de estar siempre juntos. Todo mentira. Las canciones, las miles de canciones que cantaban juntos: "amo lo que conozco", y los ojos brillantes como con ganas de adueñarse del mundo; "y lo que nunca tendré", y no sabía hasta qué punto eran verdaderas aquellas palabras. Y detiene la grabación. Lo que viene son puñaladas profundas que dejan cicatrices. Y no quiere pensar en ello.

y quedarse pensando en lo que pudo suceder pero no fue.

  "No hay razones". Todavía no entiende. "Si no habían razones entonces..." y se detiene antes de hacer la maldita pregunta absurda e ilógica. "Amo las estrellas que están en tus ojos", le dijo mirándola firmemente, mirándola para siempre. Porque ella nunca podrá olvidar esa mirada. De repente el llanto. Y las estrellas que se clavan en sus ojos en una noche fulgurante y de luz.

  Ella piensa en esa palabra en infinitivo: Amar. Porque si se ama entonces hay motivos para vivir; y si se vive es por amor. "Por favor llámame. Estamos muy preocupados por ti". Escucha la canción. Ella no cree en las dedicatorias ni en las canciones, pero igual la escucha porque lo escucha a él. "Y aunque conquiste el espacio, y supere mis límites". Ella cree que fue eso. "No hay razones". Superó sus límites, eso fue todo. Ella sabe que no fue su culpa. Ella lo quería; pero él superó sus límites. Y se fue. Viajó hasta el fondo del océano, algo así como su propio infierno. "Por favor lláma..."
Decide descolgar el teléfono. Total, es su dolor, y son esos ojos que ahora brillan en las estrellas, allá en el inmenso cielo.

sábado, 12 de mayo de 2012

En torno a la ficción

No me caracterizo por hacer citas, ni tampoco concertarlas; pero hace poco leyendo algo de entre tantas cosas, pensé en algo curioso que puede o no puede suceder: la irreversibilidad de la vida. Suena estúpido tal vez pensar que la vida tenga un reverso. Tal vez no sea un reverso como tal, sólo puede que sea la capacidad de estar aquí en un instante previo para estar. Sucedió una vez cuando alguien en la calle dijo que esa situación en específico ya la había vivido. Estábamos parados en una de las tantas esquinas esperando cruzar la calle, cuando de repente la conversación se detiene y se escucha decir: "Yo ya había hecho esto, y había dicho lo mismo, esto ya lo viví, esto ya lo viví". Esta escena podríamos sacarla de uno de los cuentos de Cortázar, pero no es así. En el Perseguidor, Jhonny está tocando y se detiene bruscamente para exclamar : "esto ya lo toqué mañana, esto ya lo toqué mañana", conjugando pasado y futuro en una acción que es momentánea y circunstancial para hacerlo infinito dentro de la misma rutina y el presente que se vuelve tan vulnerable ante la idea de que estamos repitiendo lo mismo y lo mismo y lo mismo cientos de veces; como si viviéramos el eterno retorno del que tanto habló Nietszche. Puede que hayamos soñado algo, o hayamos hecho algo idéntico a lo que se está haciendo y lo confundamos. Pero si la verdad no es esa, puede que viajemos, sin saberlo a otra dimensión y otras circunstancias de la que tanto hablan muchos escritores:  "no estoy tan presente cuando escribo y soy otro mientras plasmo lo que pienso y vivo lo que escribo".
Hombre girando en un solo pie


  Es tan curioso notar los puntos de fuga cuando se camina por la calle. Tantas personas y tantas situaciones, y sin embargo, enfrentar la cotidianidad con una sonrisa estentórea para luego aprovecharnos y crear esos mundos paralelos de donde salimos, de donde posiblemente haya una fuga y confundamos sin notarlo siquiera el mundo de la ficción en la que habitamos con el de ellos, de donde salimos. Por eso tal vez la confusión, y tal vez los paralelismos. Algo es seguro: "no estar es peor que perderse en la niebla buscando al escritor ideal que nos dé la vida entre miles de rostros que tal vez pasen desapercibidos". 

domingo, 1 de abril de 2012

Tarde imprevisible

Me niego a pensar que está allí. Es como el cuento de García Márquez que leí por primera vez... la del muchacho que ve todo desde su ataúd, y que sabiendo que está vivo se cree muerto; o ellos lo creen muerto. Es una situación parecida. ¿Qué tal si quiere decir algo antes de irse? ¿De dejar sus últimos recuerdos por escrito, o sacar las fotografías escondidas junto con las últimas barajitas de la infancia, esas que compartíamos y a veces escondíamos porque eran de buena suerte?

  No espero a que todo termine aquí. Tengo una percepción de la realidad de la que el resto de las personas carecen. No, no puedo ver a los muertos. Pero sí puedo recordarlos, y devolverles la vida en un espacio de tiempo: en la memoria. Hay canciones que hablan de ello: "si piensas en mí viviré en ti", o algo por el estilo dice una de las canciones de Mago de Öz. Las intuiciones a veces no son precisas; pero siempre recuerdo ese cuento de García Márquez, y me pregunto cómo será verse a uno mismo desde afuera, desde otro ángulo; incluso sin ser uno mismo y que no nos podamos reconocer en lo que somos o seremos. Teoría de las probabilidades. "No existen las casualidades, sino las causalidades", dicen muchos. Yo creo que existen ambas: no somos dueños del tiempo ni podemos sujetar los acontecimientos. La oblicuidad de la vida, como la podrán llamar algunos. 

Recuerdos de infancia
  Yo no estoy exento de memoria, pero tampoco soy un Funes. Puede que sea un desheredado, el tiempo me ha jugado malas pasadas, y la vida sencillamente ha sido un trajín y un ir y venir con fatigas y desesperanzas. Todavía recuerdo esa tarde de Junio donde nos sentamos a conversar y planificar lo que haríamos en el futuro; ninguno de los dos sabíamos que pronto la oscuridad se cerniría; sí, así en estilo romántico. Porque eso es la nostalgia: romanticismo puro. Cada fotografía se convierte en suceso, en una nueva historia que hay que contar porque la nostalgia olvida, el desamparo olvida... el dolor que nos pertenece y sus recuerdos que ya no son efímeros, sino constantes imperdurables que nos acompañarán hasta que nosotros mismos dejemos de existir.

miércoles, 22 de febrero de 2012

Necrologica

Hacer del conocimiento público las causas de su muerte no era lo apropiado. Mientras lo pensaba, se imaginaba su cadáver allí,  en el sitio que había escogido. Aunque por un momento el miedo lo invadía, se dirigió con firmeza a su dormitorio. Lo tenía decidido. No quería dejar notas ni mensajes, era su decisión... ya no habría más engaño. 

Al día siguiente su esposa encontró el lugar vacío, la casa desahuciada, y en el jardín, flores que adornaban una tumba.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Alucinaciones

Cola de Dragón
Juego con mi imaginación constantemente. Por eso, voy a decir que te veo dibujando tus dragones sentada en la plaza, con el pelo desordenado por el viento, mirando tu libreta, concentrada en tu imaginación. Sabes lo paranoico que suelo ser, y sabes muy bien que me gusta ese retrato ficticio de ti. Puede que te hayas alejado por mi actitud un poco psicótica, puede que en realidad te hayas marchado porque estabas hastiada de esta ciudad, o pueblo, como la llamabas. Aún así, tu actitud despreocupada me hizo entender que en realidad nada estaba bien, que todo era puro espejismo. De ahí mis poemas sobre espejos, porque todos ellos se reflejaban en ti; o mejor dicho, yo me reflejaba en ti. Tuve que inventar historias sobre esos poemas para que no pensaran que yo era un yonqui más de los que se inyectan para escribir. Mis alucinaciones eran reales. Yo era, y sigo siendo, un alucinado. Por eso no necesito de aditivos. Pero todos esos espejos eran tú. Eran tú y yo tratando de entender las cosas; el mundo cuando no sabíamos lo que pasaba en nuestras vidas; nuestra distancia tan cercana se hizo insoportable; y el increíble dragón que dejaste el día antes en que supe que ya no era verdad todo lo que había pensado; pues mi imaginación te creó tan real que huiste asustada con todos mis miedos a cuestas.

viernes, 30 de septiembre de 2011

Literatureros

"y no puedo escapar de mi propia historia"
Aun creo que las frases más célebres son aquellas que no se han dicho. Yo no quiero decir ninguna, aparte de las que me sé, pero es curioso que la gente siempre invente una cita que no tiene nada que ver con lo que se está hablando sólo para parecer inteligente. Las citas son aburridas. Así de claro. No todo el que cita es un genio, sino alguien que quiere ser elogiado por su capacidad de recordar frases. En mi particular no me sé ninguna aparte de los dichos populares -que de paso no me los sé todos y los digo al revés -y tengo mala memoria para recordar frases y dichos. Lo que sí logro recordar, después de un gran y largo ejercicio de memoria, son los libros que me he leído, que no son muchos por cierto. Por eso me gusta más hablar de libros que de citas. Es exquisito cuando vas caminando por la calle y de repente te acuerdes de la trama de ese libro que tanto te fascinó, y tú, sin más ni más, asocies parte de la obra con lo que sucede a tu alrededor. Magia literaria, pura magia literaria. Puedes crear un mundo imaginario o una trama paralela y crear dialogos entre las personas que están por allí. Ver a los personajes en cada vuelta de esquina y, voilá... has creado tu mundo literario, la ficción dentro de la realidad y viceversa. Pero debes tener cuidado y saber cómo salir de ese cuadro que has creado. No vaya a ser que, como me pasó a mí, te quedes atrapado en tremenda historia que nunca tendrá fin.

sábado, 27 de agosto de 2011

Los otros...



Podría fijarme en los rostros de todos los que pasan por aquí. No es complicado recordarlos, y sus nombres corresponden con lo que ellos son. Saludarlos, estrecharles la mano, mirarlos fijamente a los ojos; esas son acciones comunes cuando se va a conocer a alguien, o cuando se va a saludar. Normas de cortesía, como le dice el vulgo. Todo es normal para ellos. Respirar, hablar, cantar; acciones verbales que indican lo que están haciendo. Aún así, no sé por qué lo hacen, por qué tantas sonrisas o tantas lagrimas; por qué los abrazos. Una necesidad física de ser y estar sofocados. Ser sentidos. Creo que es porque necesitan eso, saber que alguien más está allí, y que los otros los reconocen. Porque tal vez le temen a la soledad, y saber que están solos y que se van a quedar solos les da miedo. Tal vez por eso lo hacen. Una necesidad imperiosa. A lo mejor les fascina sentirse sudados, tal vez se sientan mejor estrechar sus cuerpos desnudos y empapados de sudor, gritando y gimiendo haciendo algo que en realidad no resulta placentero. Pero así son. La mecánica de la vida, como la llaman. No queda otra, pues uno vive y se relaciona con ellos, con los otros. Por eso hay que adaptarse, aunque uno no los entienda, aunque ellos sean insoportables, pero hay que descubrir por qué todos ellos actúan de esa forma tan incomprensible e ilógica.

jueves, 14 de julio de 2011

Funeral



  Puedes estar seguro de lo inevitable. Golpe tras golpe, puedes llegar a pensar que la vida no vale la pena. Así es, mi amigo, la vida no vale la pena. Palabras condescendientes cuando te enfrentas al horror de un funeral. Hay, incluso, quien llega a decir "¿qué pensará el muerto?" Pues el muerto no piensa en nada. "Míralo, los ojos cerrados". "Se parece mucho a..." y conversaciones de ese tipo. "Tuve una premonición, yo sabía que se iba a morir" dice alguna vieja que fuma tabaco. Que sabía que se iba a morir. Sabes que todos algún día moriremos. Puedes pensar que es pesimismo puro; fíjate en los de allá: esos que gritan y lloran porque eran amigos del difunto. Amigos que luego se olvidan que tuvieron un amigo. Así son las cosas. Noches de insomnio. Sueños agitados. ¿quién dice que los muertos lloran? Echa un vistazo a tu alrededor y mira a todos aquellos que no volverás a ver hasta el próximo funeral.

martes, 5 de julio de 2011

Retrato


Mirándose al espejo, se vio atrapada en un lugar que, luego, de tanto mirar a la gente, se dio cuenta que era a ella a la que miraban. 



*Este texto ha sido publicado en la nave de los locos. La foto ha sido la ganadora del premio PHotoEspaña 2011.

lunes, 13 de junio de 2011

El centro del mundo

Puedo aterrarme ante el caos. Sé que no pasará nada y que remotamente el lugar donde estoy no será atacado por nada ni nadie. Estoy seguro de ello. Vivir en el centro del mundo es garantía de que todo lo que uno cree que pasará no se compara con la tranquilidad de estar en medio de tanta lava y ceniza.