43 son los nombres, miles los desaparecidos. Rostros que se despiden un día y que nunca más se volverán a ver. Cuarenta y tres y miles más victimas de la ambición y codicia, por reclamar lo que les pertenece, por no pensar igual al estamento corrupto y gobernante. Mientras se llenan los bolsillos y se hacen los locos hay Cuarenta y tres y miles que gritan por ellos, por los que no están; porque se supone que debieron ser protegidos pero fueron vendidos. Hay miles que no se cansan por su derecho a que se les devuelva lo que les pertenece. En este mundo son Cuarenta y tres y Miles quienes andan en las sombras mientras sus verdugos sonríen frente a las cámaras.
Itinerarios y descripciones de mundos ocurrentes entre formas y espejos o lo que sea que ocurra alrededor de los ojos...
martes, 11 de noviembre de 2014
Cuarenta y Tres
43 son los nombres, miles los desaparecidos. Rostros que se despiden un día y que nunca más se volverán a ver. Cuarenta y tres y miles más victimas de la ambición y codicia, por reclamar lo que les pertenece, por no pensar igual al estamento corrupto y gobernante. Mientras se llenan los bolsillos y se hacen los locos hay Cuarenta y tres y miles que gritan por ellos, por los que no están; porque se supone que debieron ser protegidos pero fueron vendidos. Hay miles que no se cansan por su derecho a que se les devuelva lo que les pertenece. En este mundo son Cuarenta y tres y Miles quienes andan en las sombras mientras sus verdugos sonríen frente a las cámaras.
jueves, 9 de octubre de 2014
Mr. Nobody
Escribir con las vísceras, insertar las palabras como
si fueran puñaladas y dejar el alma pegada en el piso,
arriesgarnos a destrozarnos a nosotros mismos, como ¿caníbales?
Sí, caníbales literarios. Tenemos el poder para armarnos
y decir que estamos aquí, en medio de la nada,
que alcen sus caras y nos vean.
Somos nadie. Somos todos. Somos el reflejo de años y décadas de desamparo y descuido. Aquí estamos, en medio del mundo, en bares y oficinas, vistiendo trajes; chóferes y hombres de negocios. Todos somos uno. El mundo nos necesita, aunque no lo sepan. Somos el orden en medio del caos, lo que nadie se puede imaginar, lo hacemos. Todos somos nadie. Deambulamos por plazas y mercados sin que la gente nos note. Merodeamos por las bibliotecas públicas y recintos universitarios, sonreímos afablemente y miramos... esperamos. Creamos el caos para mantener el orden. Tratan de vigilarnos, pero siempre nos escabullimos. Estamos inmersos en este mundo lleno de psicópatas y pedantes. Nadie nos dice lo que debemos hacer. Somos nadie, la idea reiterativa de lo que se comenta en las noticias acusando a otros. Nadie es culpable, sólo la masa servil que va de un lado a otro siguiendo ordenes, y nosotros somos el caos de ese orden. Somos todos, somos nadie, somos Tayler Durden.
Basado en la novela
"the fight club"
de Chuck Palahniuk.
jueves, 18 de septiembre de 2014
Barquitos de papel
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| Ir sin rumbo fijo y desembarcar en la bahía de los sueños... |
Lo mejor que podemos hacer es mirar por la ventana y esperar a que escampe. Es curioso ver algunos barquitos de papel navegando por la calle. Al verlos, me pregunto a dónde irán a parar. Recordé los cuentos que inventábamos en torno a ello: un marinero contento porque al fin iría a casa, o en busca de aventuras; el deseo de todo niño con mucha imaginación: surcar los siete mares y enfrentarse con monstruos y encontrar tierras fantásticas o llegar hasta donde duerme el sol. Por eso navego sin rumbo fijo, esperando a que la tormenta amaine para poder izar de nuevo las velas.
viernes, 5 de septiembre de 2014
Último adiós al de De Música ligera
Mucha gente se ha sentido conmocionada por lo acontecido: la muerte de Gustavo Cerati. No soy la excepción. Pero a veces muchos se preguntan por qué la gente se conmociona por la muerte de alguien a quien ni siquiera hemos conocido. Y es verdad. Yo no sé nada sobre Cerati, pero la cuestión estriba en sus canciones. Ahí es donde entra nuestra conmoción, porque muchos se han sentido identificados con una letra, una frase, una nota musical, sus rifs de guitarra. Cerati, al igual que muchos cantantes, artistas y escritores, han dejado huella en el mundo, en la gente común que va por las calles tarareando una de sus canciones, de los jóvenes que ensayan vez tras vez para hacer un cover, y de los escritores que hallan una frase para crear un cuento, un poema o incluso una novela.
En mi caso, después de haber leído Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges, inmediatamente pensé en La Ciudad de La Furia. Borges describe calles, lugares, momentos; y yo no dejé de pensar que las calles azules de las que habla esa canción sea La Calle Desconocida, poema de Borges donde se describe magistralmente una calle desconocida o ignorada y ¿por qué no? inventada por el poeta. Desde ese momento, tanto la canción de Soda como el poema de Borges me rondaban con tanta frecuencia que se me ocurrió una frase: La Biblioteca Nocturna de Buenos Aires.
La idea de escribir algo con ese título me animaba tanto que no sabía que escribir, y cuando empezaba a escribir algo, me daba cuenta que no era eso lo que quería escribir. De pronto me di cuenta que eran cosas distintas, que la idea y la canción y el libro no eran una sola. Por eso escribí dos relatos sostenidos bajo esa idea, bajo el hechizo de la canción y el deseo de encontrar algo misterioso que no sabía si concretaría o no.
A decir verdad, no sé si haya concretado algo. Aún la idea me ronda la cabeza, y más aún después de lo de Cerati. Hay cosas que a uno lo hacen reaccionar, y la muerte es una de ellas. Sí, ya no están; Cerati, Borges, Spinetta, García Márquez, Cortázar, Simón Díaz y otros tantos que marcaron nuestras vidas, crearon personajes y nos dejaron un fervor para hacer lo que hacemos, con la furia necesaria aún si sentimos que el mundo se derrumba a nuestro alrededor.
Ahora no están los hombres, sino las leyendas y las palabras que dejaron. Un camino que seguir.Aquí mi pequeño homenaje a esos dos. Todavía tengo pendiente escribir sobre la Biblioteca Nocturna de Buenos Aires, pero mientras dejo esto, un esbozo de lo que alguna vez quisiera escribir. La Biblioteca Nocturna y La Ciudad de la Furia.
En mi caso, después de haber leído Fervor de Buenos Aires, de Jorge Luis Borges, inmediatamente pensé en La Ciudad de La Furia. Borges describe calles, lugares, momentos; y yo no dejé de pensar que las calles azules de las que habla esa canción sea La Calle Desconocida, poema de Borges donde se describe magistralmente una calle desconocida o ignorada y ¿por qué no? inventada por el poeta. Desde ese momento, tanto la canción de Soda como el poema de Borges me rondaban con tanta frecuencia que se me ocurrió una frase: La Biblioteca Nocturna de Buenos Aires.
La idea de escribir algo con ese título me animaba tanto que no sabía que escribir, y cuando empezaba a escribir algo, me daba cuenta que no era eso lo que quería escribir. De pronto me di cuenta que eran cosas distintas, que la idea y la canción y el libro no eran una sola. Por eso escribí dos relatos sostenidos bajo esa idea, bajo el hechizo de la canción y el deseo de encontrar algo misterioso que no sabía si concretaría o no.
A decir verdad, no sé si haya concretado algo. Aún la idea me ronda la cabeza, y más aún después de lo de Cerati. Hay cosas que a uno lo hacen reaccionar, y la muerte es una de ellas. Sí, ya no están; Cerati, Borges, Spinetta, García Márquez, Cortázar, Simón Díaz y otros tantos que marcaron nuestras vidas, crearon personajes y nos dejaron un fervor para hacer lo que hacemos, con la furia necesaria aún si sentimos que el mundo se derrumba a nuestro alrededor.
Ahora no están los hombres, sino las leyendas y las palabras que dejaron. Un camino que seguir.Aquí mi pequeño homenaje a esos dos. Todavía tengo pendiente escribir sobre la Biblioteca Nocturna de Buenos Aires, pero mientras dejo esto, un esbozo de lo que alguna vez quisiera escribir. La Biblioteca Nocturna y La Ciudad de la Furia.
Gracias Totales Maestro
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