Quedamos en la Espera. Ese pequeño bar que sólo unos cuantos entendidos conocen. Digo que unos cuantos porque es un sitio casi oculto, y eso que la ciudad no es tan grande; es más pueblo que ciudad, pero qué se le hace. La vida es apacible y no es tan alborotada. La Espera, bonito nombre. Y lo lleva con toda razón, pues llevo esperando más de media hora y nadie que aparece. La música es suave. Jazz que incita a dormir. El sonido del saxofón cerrando la entrada del piano y callando el golpe de la batería. Permanezco mudo. Escuchando. De repente todo se vuelve una vorágine; la complexión del tiempo que se desdobla y me arrastra y me devuelve de nuevo a la silla, en el mismo lugar; sólo que todo parece diferente. Ya no suena el jazz, sólo un piano tan antiguo y pueblerinos mirándome extrañados, tal vez sorprendidos... y al salir, me sorprendo de que todo haya mudado de lugar. Tal vez eso, todo ha mudado de lugar y no estoy en este absurdo sitio, donde no encuentro un solo auto que me lleve a casa.
Itinerarios y descripciones de mundos ocurrentes entre formas y espejos o lo que sea que ocurra alrededor de los ojos...
sábado, 27 de marzo de 2010
1895
Quedamos en la Espera. Ese pequeño bar que sólo unos cuantos entendidos conocen. Digo que unos cuantos porque es un sitio casi oculto, y eso que la ciudad no es tan grande; es más pueblo que ciudad, pero qué se le hace. La vida es apacible y no es tan alborotada. La Espera, bonito nombre. Y lo lleva con toda razón, pues llevo esperando más de media hora y nadie que aparece. La música es suave. Jazz que incita a dormir. El sonido del saxofón cerrando la entrada del piano y callando el golpe de la batería. Permanezco mudo. Escuchando. De repente todo se vuelve una vorágine; la complexión del tiempo que se desdobla y me arrastra y me devuelve de nuevo a la silla, en el mismo lugar; sólo que todo parece diferente. Ya no suena el jazz, sólo un piano tan antiguo y pueblerinos mirándome extrañados, tal vez sorprendidos... y al salir, me sorprendo de que todo haya mudado de lugar. Tal vez eso, todo ha mudado de lugar y no estoy en este absurdo sitio, donde no encuentro un solo auto que me lleve a casa.
miércoles, 24 de marzo de 2010
La ciudad de la furia
Caminamos por la inmensa calle. Sonidos espléndidos. Subimos hasta encontrar la pequeña librería. Era un lugar desconocido, pero al llegar, todos nos identificamos con el sitio. La Ciudad de la Furia, decía en la entrada. Había una cantidad enorme de libros, de ciudades como dijo Andrés. Andrea fascinada por el inmenso estante se sentó contemplando tanta maravilla. Tantos pasos andados y por fin descansar en algún banco, en la otra calle, donde cruzaban los carros y la gente miraba sin sorprenderse de nuestra actitud. Nuestras palabras se volvían ininteligibles, y nuestras preguntas eran frases vulgares. No nos entendían, de repente nos encontrábamos en un sitio extraño, inexplorado, con calles llenas de cafés sin clientes y personas que dormitaban en los parques. La librería, el lugar que buscábamos con ansias no era otra cosa más que una casucha con un montón de papeles gastados. ¿Dónde estábamos? De repente Andrea se topa con un cartel: La Ciudad de la Furia. Librería. 1895.
sábado, 20 de marzo de 2010
Prometeo
Algo que me llama la atención es el comienzo de esta obra, cuando a Prometeo lo están encadenando. El diálogo que surge entre Hefesto y Fuerza muestra la ira y también la compasión. Ira por parte de fuerza, y compasión de Hefesto por Prometeo. He aquí remito algunos fragmentos de la obra, tomando en cuenta el parentesco de los dioses:
Fuerza: vamos, ¿por qué te demoras y te apiadas en vano? ¿Por qué no aborreces al dios más odioso a los dioses, que ha entregado a los mortales tu privilegio?
Hefesto: el parentesco es fuerte, y la amistad.
Fuerza: lo concedo. Pero desobedecer las palabras de un padre, ¿cómo es posible? ¿no temes esto más?
Hefesto: tú siempre eres cruel y lleno de audacia.
¿Qué es más fuerte? ¿A quién se debe obedecer? ¿Qué preceptos hay que seguir en momentos que se tiene que ir en contra de aquellos que tienen cierta relación con nosotros? Es una buena interrogante que Esquilo plasma en este fragmento. Por desgracia, al igual que sucedió con Hefesto, mucho se teme al que ejerce el poder, y por eso irremediablemente se ha arremetido contra amigos, familiares, conocidos. Gran pregunta que hay qué responder. ¿Por qué seguir atando a otros Prometeos? Así está el mundo, así estamos nosotros...
miércoles, 17 de marzo de 2010
Sinergia
Palabras largas. Es el entorno que responde a las llamadas. El sonido de pronto. Todo se acaba. posiblemente encontremos el camino. Posiblemente dejemos los sueños en su lugar. Pero primero tenemos que estar allí. Alguno de los dos. No será posible ocupar todo ese espacio y yo sombra desaparecida, vagaré por rumbos desconocidos, alguna ruta que me acoja sin ambages, y así decir que soy aire fuego tierra. La imposibilidad de estar constantemente en algún lugar y en ninguno a la vez.
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